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ESCRITOS CORRUPCIÓN Y PAZ COLOMBIA 2017

(y su contexto)

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El año pasado, el 2016, escribimos críticamente sobre el proceso de paz en Colombia (link ), en particular antes y después del plebiscito que ganó el “NO” contra todo pronóstico. Dicho resultado fue negado de manera anti-democrática y anti-ética. Ese es el contexto específico de los escritos que siguen a continuación.

Ahora, en el 2017, escribimos sobre la corrupción en Colombia. No es necesario ser un genio para ver la conexión entre la primera problemática y la segunda. Sin embargo, como se verá en los siguiente escritos, hay muchos que defienden la paz a como de lugar, incluso a través de medios corruptos. Consideramos también que los que creen ser los menos corruptos, pueden llegar a ser los más corruptos. Ahí el peligro omnipresente de la corrupción tanto privada como pública.

Afortunadamente, a diferencia de tantos columnistas y periodistas y demás personajes “importantes” de Colombia,  nadie nos ha pagado un peso por estos escritos. Tampoco nos han dado cargos o diplomas a través de ellos. Simplemente los hemos compartido, como los anteriores, en Facebook. Creemos que escribiremos menos y menos al respecto, simplemente porque creemos que escribiríamos palabras demasiado similares! Además sabemos que usted lector sabe mucho mejor qué hacer.

Escribimos en medio de circunstancias que algunos cercanos conocen, escribimos por amor a  Colombia y a Canadá; y sobretodo por el respeto y admiración a las palabras de Aristóteles acerca de la importancia de crear una ciudadanía ética y políticamente educada. Aristóteles, el modelo.

(Nota 1: Para tweets/tuits y columnas encontrarán el link, casi siempre, luego de una reflexión –—a veces corta, a veces larga (!)— acerca del tema.)

(Nota 2, Octubre 1 de 2017:

Y así como lo hicimos en el 2016 —–cuando dejamos de escribir por muchos meses sobre Colombia, hasta ya entrado el 2017—– ahora también dejaremos de escribir sobre Colombia hasta el 2018. Si a una sola persona le sirvió lo que escribimos durante estos largos últimos meses nos damos por bien servidos. Para nosotros es siempre un placer escribir y reflexionar. Quedan recopilados en nuestro blog.
Pero no sobra decir que se ha vuelto costumbre escribir y comentar día a día, segundo a segundo. Pero la realidad es que hay unos principios éticos y políticos que van mucho más allá del día a día. Estos principios son los que guían ahora y siempre, no dependiendo de circustancias históricas particulares, el quehacer politico. Esos principios los da Aristóteles en sus textos ético-políticos, textos que siguen y complementan la tradición inaugurada por Sócrates. Porque Sócrates se INVENTÓ el análisis filosófico de lo político. Impresionante. Y no sobra tampoco recordar que Sócrates no escribió una sola palabra, creemos, no porque le faltara tiempo para hacerlo, sino para indicar de manera inequívoca que la vida de la reflexión —la vida filosófica– es una realidad vital, una realidad de carne y hueso que nada escrito puede captar o explicitar. La reflexión permanente es un modo de vida.
Hasta el 2018, año que definirá el futuro de Colombia para siempre.)

 

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Osuna.

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Nada como escuchar a un corrupto, pero poderoso, hablando de que en absoluto es corrupto.

(Pero bueno, eso lo escuchamos muchas, pero muchas veces, en nuestras vidas, de poderosos y nada poderosos.)

 

 

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El corrupto fiscal anti-corrupción mostrando orgulloso su libro. Clave para entender la epidemia de corrupción en Colombia.

 

 

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Ahora todo es cizaña. Que si digo “a” cizaña; que si digo “b”,
cizaña. Cizaña … la suya.

¿Quiere salir de la cizaña?

Entonces cuando hable o escriba –y sobretodo, cuando piense– hágalo a través de argumentos. Fácil.

Lo díficil. Que aprender a argumentar toma toda una vida que entre otras cosas requiere:

1) aprender a gustarle los argumentos,

2) aprender a gustarle evaluar buenos y malos argumentos a través de la razón,

SOBRETODO,

3) aprender a leer y leer y leer a quienes –especialmente si va a hablar de lo político—- han dado los más sofisticados y relevantes argumentos para comprender las posibilidades del ámbito político (Locke, Rousseau, Montesquieu, DeTocqueville, Marx, Hobbes, Aristóteles, Platón, Maquiavelo, Biblia, Santo Tomás Moro, Aquino, Lincoln …)

4) comenzar a entender la relación entre a) argumentación, b) carácter y c) retórica. (Acerca del triángulo Aristotélico puede aprender acá:https://prezi.com/7snss9sqhkoi/aristotles-rhetorical-triangle/ )

5) preferiblemente venir de una cultura que valore los argumentos (e.g., el valor de “public speaking” en los Estados Unidos —–de tanta importancia—- que los debates presidenciales cobran un valor sui generis)

y finalmente,

6) tener el ingenio, humor y amor-propio suficiente como para atacar la cizaña que desconoce de argumentos; no tratando de convercerla, sino silenciándola. ¡Porque a veces hay que ser al menos el doble de cizañero que el cizañero! (Y en casos extremos, evitándola, o usando los recursos legales disponibles)

Nota 1: ¿Quiere aprender sobre argumentación? Aquí puede hacer un curso completo gratis. ¿Único detalle? En inglés.

link

Nota 2: Otro sitio excelente,

link

Nota 3: Sin lugar a duda, el mejor texto introductorio sobre los más importantes argumentos políticos de la historia, es del Profesor Pangle y tiene versión electrónica para el app Kindle:

link

y gratis, acá:

link

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A manera de resumen, la división en Colombia se puede entender así:

Grupo A: Para algunos la paz con las farc es SEPARADA de la corrupción. Es más, para esos mismos, la paz es —en su imaginario– la que algún día futuro acabará usando su intensa luz la oscura corrupción, sobretodo la corrupción institucional. A estos se les puede llamar “los iluminados”. La paz es el INSECTICIDA de la corrupción.

Grupo B: Para otros la paz con las farc es el RESULTADO de la corrupción. Es más, para esos mismos, la paz –en su imaginario— es el camino disfrazado (como el cuento de las ovejas) hacia la máxima corrupción posible, la corrupción del alma de un pueblo y la entrega de la ibertad y la vida a unos pocos. A estos se les puede llamar “los realistas” . La paz es el ABONO de la corrupción.

La mayoría de colombianos pertenecen al Grupo B, como lo indican las encuestas. La ONU pertenece al Grupo A. La arrogancia de los iluminados —ahora miembros de la JEP— y sus deseos nunca cuestionados (como ocurrió en el plebiscito del 2016) son el impulso para ese rechazo de la población colombiana.

Sin duda alguna nosotros pertenecemos al Grupo B, y lo hacemos con orgullo. Colombia debe en su mayoría redefinir el proceso de paz hacia este Grupo B. Así la paz no destruirá la libertad sino que la hará más real.

 

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http://www.semana.com/opinion/articulo/perla-presidencial/533318

Cuando lo que suena bonito es lo más peligroso. En la paz como en el amor.

Que en 2018 Colombia recupere su libertad real frente al modelo internacionalista/cosmopolita que nos cogió —–gracias a Santos y su grandísimo ego—- de “conejillos de indias”.

Santos, como hemos indicado desde 2016, es el presidente del “mundo”, no el Presidente de los colombianos/as.

Santos es el presidente de la “historia”, no el de la historia diaria de los colombianos/as.

Santos cree que lo eligió la ONU, no los colombianos/as.

Santos es el Presidente de la forma, no del contenido.

Por todo eso es tan poco querido. Pero, peor, por todo lo anterior, esa falta de amor que le tienen sus ciudadanos/as —–antes que ser motivo de preocupación y tristeza para él—- es motivo de orgullo. Un líder que se enorgullece de no ser querido (sobrado dice: “estoy dispuesto a entregar toda mi popularidad”). Eso, sólo un líder vacuo.

Es esa actitud lo que CONFIRMA todo lo anterior, y mucho más.

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Aniversario del Plebiscito 2016 ganado por el NO:

Hoy hace un año la posible paz estable y duradera dejó de ser posible porque sus defensores, los del “sí”, prefirieron sus sueños tramposos a la realidad de saber —-en sus mentes y sus corazones— que habían perdido un plebiscito frente a sus compatriotas.

El deseo ilimitado de paz no solo mató la paz —por más decretos y decretos que se pasen— sino que hizo aceptable la idea de que por un fin todo medio vale; es decir, se blindó la corrupción en las tres ramas gubernamentales. No nos sorprende que el 2017 sea el año de mayor corrupción en la corrupta historia colombiana. Por la paz todo vale.

Ser mal perdedor es el comienzo del ser corrupto. Blindar la paz de maneras ilegales e inmorales, la más cruda corrupción. Ahora hasta homenajean a criminales de lesa humanidad, sin siquiera haber pasado por justicia alguna. Celebrar sin merecerlo, eso cualquier niño/a lo sabe, es el origen del alma corrupta. Celebrar la masacre inhumana, la muerte del espíritu.

En resumen: al negar la victoria del “no” en el amañado plebiscito por la paz del 2016, la historia de Colombia se distanció irremediablemente de la verdad. La historia de la paz recibió una herida mortal.

En ese sentido, ya un año después, es que la JEP resulta, en gran medida, una mentira compartida. Allí, quienes ganaron el plebiscito “fair and square” como dicen en inglés, revivirán esa herida que los silenció “permanentemente”.

 

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Aniversario del Plebiscito 2016 ganado por el NO:
Referente al amañado plebiscito por la paz del 2016.
“NO es NO”, es una frase central de la defensa contra la violación sexual.
En Colombia por la paz, “NO ES SI”.
¿Me entiende?
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Aniversario del Plebiscito 2016 ganado por el NO:

El “NO” tenía razón (aniversario del plebiscito)

https://www.elespectador.com/opinion/el-no-tenia-razon-aniversario-del-plebiscito-columna-715754

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Aniversario del Plebiscito 2016 ganado por el NO:
El “sí¨frente a su propio espejo solitario.

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Los del “sí”, un año después y siguen con lo mismo:

Si el Plebiscito lo gana el NO, se acaba la Paz.

Si ganan los que no quieren la JEP, se acaba la Paz.

Si no dejan x, se acaba la Paz

Si no dejan y, se acaba la Paz.

Todo lo que no sea lo que nosotros pensamos, acaba la Paz.

Déjennos hacer la paz en paz. No molesten.

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Aniversario del Plebiscito 2016 ganado por el NO:
Vía Hassan.
Qué lindos que son los conejos, ¿no?
Sííííí.

 

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Aniversario del Plebiscito 2016 ganado por el NO:

Como mañana es el aniversario del plebiscito del 2016 en Colombia, plebiscito que contra todo pronóstico ganó el “no”, ya hay tuits que leen de la siguiente manera:

“Estoy orgullosa/o de haber votado ´sí´.”

Lo aterrador es que hablan como si hubieran ganado el plebiscito.

Ser mal perdedor es el camino directo hacia la corrupción. No en vano hay una conexión directa entre el 2016 y el 2017, entre la paz mal forjada y la corrupción imperante.

 

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 Palabras de los del “sí” en la “paz” de Colombia:

Antes del Plebiscito:

A A A A A A A A A A

Pierden el Plebiscito:

A A A A A A A A A A A x3

Encuestas revelan que los/as colombianos/as no apoyan el tratado de paz con farc:

A A A A A A A A A A A A x 7

La corrupción inunda todas las ramas políticas, especialmente las judiciales:

A A A A A A A A A A A A x 9

Aniversario de Pérdida del Plebiscito:

A A A A A A A A A A A A x 11

Pierden elecciones en el 2018:

A = 0

Muy hábiles los del sí, o bueno, los que les quedan. No enseñan, no educan …… son expertos en dirigir, obligar y callar.

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Aniversario del Plebiscito 2016 ganado por el NO:

Hace un año escribimos esto.

Nunca imaginamos la capacidad delirante de algunos de los del “sí”. Ya escribimos un aparte sobre esto hoy. Por sus acciones, la paz dejó de ser la paz real de todos, para convertirse en la paz ilusoria de unos pocos.

 

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El caos de la paz. No sobra indicar que bajo ciertas concepciones políticas de la izquierda este caos es PRECISAMENTE EL CAMINO para obtener el poder.

Querido colombiano/a del común: usted es simplemente una fichita para su juego. Luego, si no les gusta esa fichita que es usted, pues la esconderán. En otras palabras, lo esconderán a usted.

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Las primeras palabras, las palabras ideales de la JEP —y sus privilegiados miembros— para con sus ciudadanos deberían ser:

“Queridos/as ciudadanos/as, sabemos del nivel degradante de corrupción a la que ha caído toda la esfera a la que pertenecemos y por medio de la cual ahora nos entregan poderes incluso más altos que la misma constitución que ustedes defienden y dan vida real día a día. Poderes entregados en medio de una crisis total de confianza y después de que todos las encuestas indican que una gran mayoría de ustedes no está de acuerdo con este tratado y, por ende, no están de acuerdo con nuestra existencia y los poderes exagerados que ahora poseemos. Humildemente nos preparamos para lo que viene, a sabiendas de que es posible que nuestra misma elección pueda no ser totalmente defensible. Antes que pretender ser sabios, sabemos lo ignorantes que hemos sido a cada paso de nuestro desarrollo personal y laboral.”

Las palabras reales serán:

“Estamos aquí para salvarlos queridos ciudadanos. No se preocupen. Hagan caso.”

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La arrogancia de la paz que desconoce cualquier límite. El mismo que dijo que si ganaba el NO, todo se acababa. Metiendo miedo y ni así ganaron el plebiscito.

 

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Palabras como estas son las que harán que la paz que negó un plebiscito, y se fundó en la corrupción, sea tranformada seriamente en el 2018. El desagradable.

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A Santos nada le da vergüenza.

http://www.wradio.com.co/escucha/archivo_de_audio/esta-paz-es-con-puestos-para-los-que-voten-la-jep-y-sin-puestos-para-los-que-no-la-voten/20171003/oir/3597611.aspx

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La JEP. COLUMNA CRUCIAL.

“Pero el problema no es ese. Consiste en que el tribunal de la JEP no refleja las distintas visiones de los colombianos frente al acuerdo suscrito entre el Gobierno y las Farc. En eso presenta un complicado déficit democrático. Y por ello amenaza con trasladar, con cero reconciliación, la confrontación de la lucha armada al escenario judicial.”

link

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La JEP y la memoria del criminal de lesa humanidad JOJOY.

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Como a nosotros nos importa muy poco lo importante que una persona sea —pregúntele a cualquiera que nos conoce—- no sabemos quién es Uprimmy. Pero luego de leerlo muchas veces, ya sabemos mejor. Es el escudero de la JEP, el Sancho Panza de la JEP y la paz de Santos.

Al igual que Sancho Panza, quien protegía a Don Quijote —-obra monumental que hemos leído dos veces de comienzo a fin por lo absolultamente cómica y hermosa que resulta—– Uprimmy es un protector. Es EL protector.

Sancho Panza era el protector de los sueños descabellados de su Superior, el noble y desquiciado Don Quijote. Sancho ayudaba a proteger a quien imaginaba gigantezcos monstruos en molinos. Don Quijote nos llena de alegrías y dolores compartidos; pero sobretodo de risas. Incluso al morir, Don Quijote prohibe a todos llorar. Imagínese el por qué. Loco, loco hasta el final. No es difícil amar a Don Quijote y a Sancho.

Uprimmy protege los molinos de su Don Quijote, Doña Paz. Su JEP nació de un hurto: pero el molino de la imaginación hace imposible ver hasta lo obvio y fundamental. Pero encubrir el hurto de luz ética si que es ir más lejos que Don Quijote mismo. Para Uprimmy, la JEP ES la salvación. Pero, a diferencia, cuando Sancho Panza intenta robar —porque uno no vive de molinos ilusorios (!)—- Don Quijote lo castiga ejemplarmente.

¿Pero en qué se diferencia Uprimmy y su JEP a Sancho Panza de manera fundamental? En lo siguiente. En sus aventuras Don Quijote y Sancho tienen muchas conversaciones. Y resultan muy cómicas por la diferencia en lenguaje que usan. Sancho usa millares de dichos populares para expresarse; Don Quijote el lenguaje del letrado, del caballero, de la élite.

Uprimmy y los suyos —incluyendo los letrados de la JEP—- son del segundo tipo. Es por ESO que ni la JEP ni la PAZ son populares entre los colombianos/as del común. Pero ya sabemos qué responderán. Que ahora sí serán populares. No hay fin para el dedicado a la protección, para el guardaespalda. El molino impulsado por los vientos de la paz es un gigante indestructible como Don Quijote nos ha enseñado.

Y para terminar. Nada mejor que ver a alguien que cree en la JEP comenzar su columna con Churchill y su famosa crítica a la democracia. Es un claro ejemplo de un chiste que sólo es para académicos y letrados. Nosotros preferimos el humor y la humanidad de Cervantes.

https://www.elespectador.com/opinion/la-jep-columna-715769

Ver también:

https://www.elespectador.com/…/los-prejuicios-contra-el-tri…

 

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La JEP.

“La JEP es considerada la joya de la corona, la almendra, el núcleo, en fin, lo más pétreo de los acuerdos de La Habana. Es la gran conquista de una guerrilla ya derrotada en el plano militar. Es vista así por las izquierdas y los amigos de una paz a cualquier precio, incluso, al de arrasar la Constitución y las instituciones. Pero, para las mayorías del país, las que ganaron con el NO el plebiscito de hace un año, es la corona de espinas con la que se inicia en forma el nuevo orden sonado por las guerrillas que no es otro que el de imponer en Colombia su modelo comunista, marxista leninista, su política de venganza contra el uribismo y todo aquello que huela a paramilitarismo y su verdad histórica que los dejará en el sitial de víctimas del sistema, perseguidos y excluidos que se vieron obligados a tomar las armas.”

https://www.elespectador.com/opinion/jep-golpe-de-gracia-la-democracia-colombiana-columna-715965

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Hay los “Invictus Games” y hay la JEP. Escoja Colombia.

(La suerte de haberlos vivido acá en Toronto: link  )

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La JEP es tan diversa y representativa que no representa al 75% de colombianos/as que no le creen. (!)

Paz de élites para élites: élites de la guerra como las farc, élites económicas como Santos, élites periodísticas y élites académicas como muchas.

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Como van con todo por la JEP, sin remordimiento alguno, pues tocará ir con todo contra la JEP. Y como tocar enfrentar una JEP obtenida a través de medios oscuros y en un medio oscuro, nos llamarán toda clase de cosas. Preferimos eso a la trampa.

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La JEP:

“Tenemos que reinventar nuestra historia de violencia. Tenemos que reinventar nuestra historia de 1819 al 2017. Pero olvidemos el 2016 y su incómodo plebiscito. Así tendremos una historia patria completa y verdadera y justa. Olvidemos por nuestro bien. Recordemos por nuestro bien. ” (!)

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Súper título: “Tenemos JEP, camarada”

link

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Osuna. La JEP.

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Nueva columna acerca de la ética y la corrupción en Colombia. Al menos ahora el escritor hace alusión a la ética de la Grecia Clásica; la de Sócrates, Platón, Aristóteles y Tucídides. Dice el columnista en dos pasajes:

1. “Desde la mirada Griega, la ética es el arte político de saber elegir, saber referirse al otro, reconocerlo en su integralidad, y saber coexistir. ”

y

2. “Para los filósofos Platón y Aristóteles la ética es hacer justicia, decir la verdad y actuar bien, principios olvidados por líderes políticos y ciudadanía en general.”

Desafortunadamente, el escritor hace una lectura muy supérflua de la pregunta por la justicia en la obra de los clásicos griegos. No son completamente verdaderas sus palabras.

La filosofía politica clásica, antes que simplemente decir que “la ética es hacer justicia”, se PREGUNTA: ¿Qué es la justicia? No dan ellos un manual que uno sigue para ser ético y punto. Si fuese así, pues entonces a repartir copias de sus obras y a poner a los ciudadanos a memorizarlas! Como cuando quieren regalar constituciones en ciertos países!

Es cierto que las obras clásicas están llenas de CIERTAS virtudes que consideran sin lugar a duda como centrales para el desarollo de una ciudadanía responsable. Entre ellas el coraje. Pero no mencionan otras que el columnista sí hace, por ejemplo ” la inclusión”. Y jamás, pero jamás, estarían de acuerdo con estas palabras del columnista:

“Las altas presiones sociales o económicas que la gente vive sin solución alguna provocan actuaciones equivocadas que terminan lamentablemente en hurtos, muertes o prisión.”

Sea como fuere, incluso cuando mencionan las virtudes, los pensadores clásicos no lo hacen como un listado simplista para repetir y ejecutar en la realidad política. Para ni siquiera mencionar que las virtudes que ellos mencionan son radicalmente antimodernas, es decir, poco democráticas, en su naturaleza (piénsese en el valor de la magnanimidad —-“megalopsuchia”—- atribuida por Platón y Aristóteles al gran líder político).

Al contrario, como su punto de partida es PREGUNTAR, “qúe es la justicia” —– y no simplemente dar una receta vacía de lo que es “ser bueno”—— los pensadores políticos griegos, entonces comienzan una árdua labor para dilucidar elementos importantes, y a la vez problemáticos, en lo que se refiere a la naturaleza de la justicia y su realización política en particular, bajo contextos específicos.

Una de las consecuencias de dicho proceder es comenzar a considerar la relación que hay entre justicia y el regimen político al cual uno pertenece. Si la justicia es buscar el “bien común”, entonces, ese bien depende de a qué tipo de régimen uno pertenece. Ser justo en una monarquía como la de Arabia Saudita, no es lo mismo que ser justo en un democracia como la canadiense o la colombiana. Sólo mire los intentos por instaurar democracias occidentales en Medio Oriente, para que vea. Es más, ni siquiera pareciera ser lo mismo ser justo en la democracia estadounidense que en la canadiense, aunque ambas son democracias representativas! Portar armas es parte de la justicia y libertad en los Estados Unidos; portar armas en Canadá es bien difícil de hacer. Incluso a la tiranía de Venezuela, el régimen la llama es “democracia directa”, y por ende, desde su perspectiva miope, “justa”.

Como el poder político es quien DETERMINA el régimen de una sociedad, entonces determina lo que ha de considerarse como “justo” o como “no justo”. En la monarquía es injusto creer que todos somos iguales; en la democracia es injusto creer que no todos somos iguales. Precisamente POR ESO es la pelea para obtener el poder político. ¡Para determinar lo que es la justicia!

Pero, entonces cómo saber cuál noción de justicia es la más apegada a la verdad, si unos defienden la monarquía, otros la democracia, incluso otros la tiranía como la de Maduro. ¿Cómo podemos siquiera decir que Maduro es un tirano, con certeza?

Pues bien, el proyecto clásico, al preguntarse por la justicia, revela las fortalezas y debilidades de los diversos regímenes —la democracia, la oligarquía, la monarquía, la tiranía—- para así poder dar luz, en la compleja realidad, acerca de cómo tratar de sanar los regímenes existentes hacia una posición que en la medida de lo posible sea más y más beneficiosa para los ciudadanos/as del régimen mismo. Es decir, todo régimen puede mejorarse con vista en ciertos presupuestos que la filosofia clásica desarrolla. Dos de estos presupuestos son: a) cualquier análisis político debe comenzar desde el lenguaje político mismo de los ciudadanos (no desde un lenguaje utópico o académico irreal), y b) se debe mirar con detenimiento la diferenciación y la tensión entre lo que es el “ser humano justo” y el “ser humano bueno”. Sólo si se da esta diferencia entonces podemos encontrar elementos que permitan juzgar si un régimen es o no tiránico; es, o no, la mejor democracia posible; es, o no, la mejor monarquía posible. Sólo de esta manera se puede encaminar TODO régimen, ya sea democrático, oligárquico, monárquico, e incluso tiránico, hacia al mejor régimen posible.

Lecturas serias y detenidas de La República y Las Leyes de Platón, y de La Política y La Ética Nicomáquea de Aristóteles, son el camino para mejor comprender los dilemas de la justicia, y por ende la corrupción que se da incluso en nombre de la justicia misma. La columna desafortunadamente no nos ayuda en esa lectura seria y detenida.

link

 

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Of Bill Clinton it is said that he said: “It is the economy, stupid.” He thus became President.

Applied to Maduro, and other tyrants like him, it would read: “It is the Army, stupid.”

NEVER, NEVER, lose control of your Army. This is ESSENTIAL for the future of Colombia.

(more…)

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COMMENTARY ON ARISTOTLE’S NICOMACHEAN ETHICS

INTRODUCTION

It seems now the time has arrived to put forth, as best as possible, some of the reflections —reflections which have guided me throughout the last few years of my life—– with regards to  Aristotle’s all-important views on the question of happiness as presented in his Nicomachean Ethics. For I take it that it has in fact been this encounter which has sent me on a path which I would have otherwise never encountered.

A. NEGATIVE SETTING

Which path is this? Negatively speaking, it is a path which stands in stark contrast to the traditions that have made up the horizon of my/our conceptual possibilities and practical lives. On the one hand, the horizon of our modern liberal democracies grounded precisely on the very critique of Aristotelian political philosophy; particularly as set out in the works of Hobbes, Machiavelli, Locke and Montesquieu, all of whom to different degrees see Aristotle as THE rival to face and even, literally, to conquer. The realization of this inherent animosity must clearly point to us students how ALIEN the work of Aristotle must actually be to us children of such an anti-Aristotelian modern tradition. For if we ARE as modern democrats defined partly against Aristotelianism, it would be extremely odd that we would easily delude ourselves into believing that Aristotelianism is primarily akin to our own, that is to say, that it is somehow readily accessible and altogether familiar.  We must fight the easy consolation, the very troubling consolation, of assuming that Aristotle is simply “one of us”. Nowhere is this more clearly seen than precisely in the CORE Aristotelian investigation of virtue (areté), and of happiness (eudaimonía); and even more importantly of the complex and perhaps tense relationship which might come to slowly unfold as Aristotle guides us into seeing the puzzling relationships between said virtue(s) and happiness. By way of an example of how easily we disregard Aristotle’s challenge,  we can focus on the fact that many academics STILL continue to hold on to the erroneous view that Aristotle simply enumerated ——because he agreed with implicitly and explicitly—– the Greek virtues set out in Books 3 and 4; an intellectual magical disappearing act which overlooks these books which are PRECISELY the very key to understanding the dynamic and the general course of the Aristotelian argument at its most fundamental! So, we could in fact say that for us modern western democrats  Aristotle is —–at least initially, perhaps even indefinitely—- an Other that challenges our presuppositions, and does so like no Other can or ever will. Obviously then, this commentary objects to the generalized view that Aristotle is somehow solely the founder of a tradition, namely civic republicanism, that can still be seen in much later modern authors which even include Machiavelli. For surely, there is as much oxygen in gaseous form on the moon, as there is Aristotle in Machiavelli. And to make this clear, Machiavelli is certainly very proud of this.

And on the other hand, this is a path which stands in stark contrast to the traditions that have made up the horizon of revealed religion, fundamentally the tradition of the Bible in both its Judaic and Christian traditions, but also that of the Koran in Islam. Such a horizon finds its grounding not ——-as it does for Aristotle—— in the spirit of free and rational philosophical inquiry on the nature of the political and the ethical, but rather on the persistent obedience due to God in whose all encompassing and mysterious justice, merciful loving grace and creative omnipotence we alone can find THE sole anchoring required for our constantly tepid and all-too-debased sinful humanity. Again, it is the realization of this inherent tension which clearly points to us how ALIEN the work of Aristotle must be to us children of the rise and triumph of revealed monotheism (even if, of course, modern western democracies have in fact, via Locke and Montesquieu, redefined the very framework within which we have come to understand such divine revelation in our days). Nowhere is this more clearly seen than in the peak which is the virtue of magnanimity (megalopsuchia), virtue which has as its most deficient extreme, the religious virtue par excellence of humility; for let us be clear, humility is, for Aristotle, a vice simply. Or further, it can be clearly seen in the very fact that the virtue of faith (pistis) is, dramatically —–and to our astonishment as part of a monotheistic tradition—– not even considered one of the virtues to be analyzed in the list of eleven virtues found in the Nicomachean Ethics itself (Evidently, this is NOT to say that Aristotle does not take up the question of the divine continuously in the text, as we shall have occasion to witness). But one could also mention, so that we again come to be taken aback by the very strangeness of Aristotle’s arguments, the inexistence of any serious development of the notion of friendship  (philia) within the Bible; or the initial unflattering status of the political within Genesis itself, Cain being the founder of the first political city which will lead directly, and not metaphorically, to the just destruction of the pretensions of the kind of “magnanimous” arrogance found in  the technological project of Babel. So we must again repeat, as we attempt to follow this new path —–and perhaps to our initial dismay—– that Aristotle once again stands as a kind of Other who questions fundamentally the presuppositions of our thought, or more truthfully and with greater relevance,  the presuppositions of our lives. And that this is so, is extremely fortunate, for realizing his otherness we can thankfully ask: how then could we still remain the same by reading and dwelling upon his strange remarks? Aristotle liberates, and it would seem, some of us are in need of a great liberal education by such dialectically challenging type of friends.
(more…)

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Filosofía política clásica; el modelo socrático y aristotélico como respuesta a las encrucijadas modernas.

El interés principal para esta propuesta de investigación ——como aspirante a su departamento——- es la de hacer una defensa profunda de lo que representa la filosofía política clásica como posible respuesta a la actual crisis del liberalismo moderno occidental. Dicha investigación se enfrentaría conceptualmente a los defensores del proyecto de la modernidad que buscan las condiciones universales para la defensa de nuestras democracias en una teoría comunicativa (Habermas), y a aquellas posturas que buscan hacer explícitas las condiciones fundacionales imaginarias e hipotéticas para una teoría de la justicia (Rawls). Por otra parte, aunque esta investigación ve la importancia del serio y profundo cuestionamiento radical a la razón moderna que plantean las obras de Nietzsche/Heidegger ——–que en su conjunto incluso llegan a cuestionar el proyecto occidental de racionalidad política fundado originariamente por Sócrates—– esta considera que la falta de una reflexión política sostenida permite a los neo-nietzscheanos post-modernistas (Foucault, Derrida) una ilusoria victoria conceptual que permanece incompleta, que es imprudente (en el sentido Aristotélico de phronesis), y que por ende es altamente peligrosa para la salud general de la comunidad política. En contraposición, afirmamos que es en la obra ético-política de Aristóteles que se da la máxima expresión de lo que representa la filosofía política clásica como contrapropuesta. (1)

Dejando de lado las múltiples interpretaciones que puedan haber surgido de Aristóteles, lo cierto es que al centro de la argumentación detrás de esta investigación radica una lectura que se funda en el pensamiento de Leo Strauss (y en particular, de su estudiante Thomas Pangle). En general el reto neo-aristotélico se ve enmarcado dentro de una tradición aún más amplia que se puede comprender hoy en día como la del “movimiento socrático”. Este movimiento de retorno retoma con seriedad el evento socrático ejemplar, a saber, el de la fundación de la reflexión filosófica de lo político por parte de Sócrates. Comprenden ellos que en efecto hay un segundo Sócrates que se ha distanciado de las presuposiciones apolíticas de los pre-socráticos, presuposiciones que llegaron a conformar la postura conceptual del primer Sócrates interesado exclusivamente en la pregunta por la naturaleza (physis). Esto es lo que es conocido como la “segunda navegación” de Sócrates (Fedón, 99c). Strauss lo resume así: “Socrates was the first philosopher who concerned himself chiefly or exclusively, not with the heavenly or divine things, but with the human things”; Strauss (TCaM, 13).  Es por ello que para lograr una real recuperación del reto del pensamiento político clásico se debe recurrir a la ya mencionada perspectiva que ve el debate antiguos-modernos como el conflicto fundamental para las aspiraciones de una verdadera filosofía política que tenga respuestas concretas, prudentes y sabias a nuestras crisis. (2) Sin embargo este retorno comprometido y serio al racionalismo de la filosofía política clásica tiene ya desde su comienzo diversas variantes interpretativas. Esto se puede ver claramente en la triple comprensión que se da de Sócrates por parte de Platón el filósofo dialéctico, por parte de Jenofonte el escritor militar y por parte de Aristófanes el comediante. La evidente tensión entre estas apropiaciones socráticas se ve claramente hoy en día en el contexto filosófico universitario en la medida en que Jenofonte no es considerado, como sí lo era en la antigüedad (por los romanos, por Maquiavelo, por Hobbes y por Shaftesbury), como un pensador digno de un estudio serio, profundo y continuado; sobretodo por la recuperación del valor de la retórica como lenguaje privilegiado de lo político. (3)

Ahora bien, la excepción a esta regla de exclusión silenciosa, es precisamente la propia tradición straussiana. Al recuperar la multiplicidad de lenguajes socráticos, y muy especialmente la obra de Jenofonte, la tradición straussiana gana una interpretación enriquecida de los clásicos, y en particular, de la obra aristotélica. El retorno recuperativo de la filosofía política clásica por parte de la tradición straussiana por lo tanto permite el planteamiento de preguntas olvidadas. Por ello a la base de esta interpretación surge la pregunta fundamental que el discurso filosófico moderno ha relegado al olvido, a saber, la pregunta misma de ¿por qué la filosofía? A la importancia de las preguntas heideggerianas tanto por el sentido del ser como por el “¿qué es la filosofía?”, se enfrenta una pregunta aún más fundamental y originaria en términos políticos. Es decir, el “qué es” de la filosofía sólo se puede comprender cabalmente una vez hayamos realizado una investigación prudente del “por qué” de la necesidad del filosofar dentro de la comunidad política. Leo Strauss ofrece cierta claridad acerca de esta pregunta que funda las posibilidades del saber filosófico una vez se ha liberado de su “amnesia” frente a la filosofía política clásica: “The philosophers, as well as other men who have become aware of the possibility of philosophy, are sooner or later driven to wonder, Why philosophy? Why does human life need philosophy? … To justify philosophy before the tribunal of the political community means to justify it in terms of the political community, that is to say, by means of a kind of argument which appeals, not to philosophers as such, but to citizens as such.” (mi énfasis) (4) Sin duda la academia, en gran medida, no ha escuchado este llamado. (more…)

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One has the feeling that successful ——-yet now much more questioned —— President Santos, as well as newly elected ——-and now much more highly questioned—— Mayor Petro, should urgently and conscientiously be touched by the attitude and the words with which Churchill defeated Chamberlain. As he is said to have said. “Attitude is a little thing that makes a big difference”. For surely, as important as it is to be in the cover of Time Magazine for all of us, it is a thousand-fold more important to be in the time of one´s serious citizens; and surely, as important as it is to have great rhetorical skills for all of us, it is a thousand-fold more important to be with the words of one´s serious citizens. For it is truly not enough to say that terrorism will not triumph, for with each bomb terrorism does, IN FACT, kill. A citizenry must not be afraid of terrorists, though its leaders must be critical enough to understand that each bomb, and each future bomb —–specially given that there had not been bombs for what seemed to us bogotanos an eternity—- will remain with them forever. For it is one thing to be called upon to bring back the peace after almost ceaseless violence, and quite another to be called upon to preserve a peace already much secured. President Santos and Mayor Petro have been called upon, for the most part, to preserve the peace.

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NOTE: AGAINST THE ANALYSIS BY THE GOVERNMENT, BY THE OPPOSITION, BY JOURNALISTS AND BY PEOPLE LIKE MYSELF, one should simply read this and TRY to remain silent for a while, even become a bit embarrassed: link

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“Nadie enciende una luz para después cubrirla con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelabro para que los que entren vean la luz.” (Lucas 8:16)

Mi queridísima, creyente y dulce madre,

Recorriendo el paso de los años llegamos hoy, en un nuevo junio 28, a  aquel número ya demasiado avanzado (!), ese número que al hablar siempre como madre e hijo que quieren ser cada vez más amigos,  reímos jurándonos jamás revelar. ¡No lo revelamos por eso de los secretos que es mejor guardar bien guardados! Pero, eso sí, todos sin excepción, todos (desde el más desconocido hasta los más cercanos) te han mirado y se sorprenden al ver cómo ——sin tanto artilugio femenino moderno y tanta vacua vanidad excesiva—- has logrado revertir ese paso de los años en tu mirada noble, en tu piel canadiense y en todo tu ser único. Porque es en verdad importante también recordar hoy la muy bella mujer que eres y has sido siempre. Las fotos de tu vida así lo revelan, así te lo hayan ayudado a olvidar los cercanos. Y recuerda bella madre querida; ¡cabello blanco canoso, jamás!

Y hablando del paso del tiempo; ¿recuerdas madre aquellas cartas —-ya “compartidas” con algunos otros a través de internet por razones precisas—– cartas dedicadas a mi padre, cartas escritas en vida para intentar sanar a partir de la comprensión momentos difíciles vividos? ¿Recuerdas aquello que te compartí acerca de cómo fueron escritas? Cuestión de brevedad y de ver qué limitada es la reflexión profunda que nos guía en la vida, sobretodo en la vida de familia en donde las certezas del silencio garantizan una limitada seguridad ——una “seguridad” supuestamente ingenua, que irónicamente llega a ser defensiva y agresiva a la vez——-  por sobre las difíciles posibilidades de una real felicidad y de relaciones mucho más honestas y profundas. Porque es que se requiere de cierto tipo de coraje reflexivo para la felicidad, y ese coraje es una virtud cada vez más rara de encontrar y hasta de reconocer. Era como si aquellas cartas para mi padre, ya muerto, ya estuviesen escritas en mí hace mucho tiempo atrás pero sin destinatario real; sólo que era preciso compartirlas con mi complejo y querido padre en quien ya la vejez avanzada  hacia su aparición. Ahora se comparten con algunos otros para que él no sea olvidado; los eventos posteriores a su muerte las hacen todavía más necesarias que nunca. Por ejemplo,  otros creen y tácitamente defienden el que no hablar con el padre durante toda la vida es algo defensible y honorable. Claro mientras ELLOS no sean ese padre. Pero dejando eso de lado; madre esta carta es para ti, intenta ser un recuerdo de tu ser.

Te recuerdo esto madre porque en cambio contigo no he tenido la necesidad de escribir múltiples cartas. Hoy te cuento por qué, aunque tú en cierta medida ya los sabes. Y te cuento que la agilidad para escribir estas palabras se da gracias a aquello que he decidido en parte hacer con mi vida y que tú has siempre apoyado incluso sin realmente saber en un principio su significado especialmente para la futura historia de nuestro paso por la vida y de nuestro encuentro “reciente” en la amistad ganada. Tuvieron que pasar décadas para que tú, y claro también yo (!), comprendiéramos mejor el valor para el alma de cada uno de la dedicación a las humanidades, y sobretodo a la obra de Aristóteles y la vida de Sócrates. Aristóteles, bien llamado en la Edad Media “El Filósofo”, que cuestiona tan seria y hábilmente los fundamentos y presupuestos de nuestra actual academia filosófica. Y también, tú lo sabes, es sólo gracias al efecto tanto de Taylor, y de manera imposible de agradecer de Pangle, en mi vida. ¡Por qué es que ese tipo de profesores son como un cierto tipo de madres! ¡Qué competencia tan fuerte para la madres de verdad, no! No en vano Sócrates se comparaba él mismo a una partera que nos ayuda a nacer bajo un tipo de cuestionamiento continuo acerca de nuestras vidas y de la naturaleza de la virtud y de la excelencia humana. Y algo así como parir es lo que hicimos juntos en los últimos años. Y podríamos hasta decir que ya en la vejez naciste a la vida una vez más. Dejaste de ser tan solo esposa silenciada, madre asumida, abuela repetida,  para regresar a ser aquella Denise con voz, color, económicamente independiente, libre para una fe más sólida y sana  y con un sano sentido del amor —–y hasta del humor—- propio. Y ese proceso se ve en tu actual manejo de la palabra, tu capacidad de defender tus importantes valores, y en tu mayor capacidad para sonreír y reír.  Y hoy, hoy, nadie te puede hacer perderte nuevamente. Ya nunca más te perderás;  así incluso yo ya no sea más.

¿Y, entonces, por qué no hemos escrito cartas entre los dos? El por qué es bien sencillo de responder; o por lo menos  hasta cierto punto. Pero el motivo principal es que nuestra relación en los últimos 10 años ——los que “en verdad” cuentan pues la vejez nos revela nuestra real vulnerabilidad humana—– se convirtió con gran esfuerzo de parte y parte en una relación más honesta y abierta que intentó entregarse a la palabra hablada, intentó llevar al lenguaje aquellos silencios abismales que para muchos se convierten en un cierto tipo de mundo invisible y sobreseguro. Porque, ¿qué fortaleza defensiva más consolidada que aquella que ni siquiera se quiere ver con real seriedad, cierto madre? Y es verdad madre que tú misma te creíste así de sobresegura, indignada en silencio con mi muy complejo y difícil padre ——a quien recuerdo ahora con mucho cariño—– sin entrar a ver cómo y por qué las cosas se dieron como se dieron. Es que el silencio indignado y temeroso está a la base de una de las tiranía más efectivas; sobretodo porque se considera cobijada por un cierto autosacrificio que se cree, erróneamente, absolutamente bondadoso. Sobre esto regresáramos más adelante en esta carta. En cambio, qué bueno madre hoy poder decir que no tienes esa indignación, ni ese temor, ni esa burda carencia de palabra. Y aquí entre los dos, ¿cómo nos sirvió la tarjeta roja que inventamos juntos, cierto? Qué bueno poder querer hablarnos, poder querer vernos, poder reírnos, poder burlarnos, poder querer compartir, poder pedir perdón y perdonar, poder madrear (que viene de la palabra madre!), poder agradecer, poder querer querer, poder amar; y por sobretodo todo lo demás,  poder querer reflexionar.

Tal vez tú no lo sepas, pero el ejemplo político más revelador de esa dinámica perniciosa es el libro La Madre de Gorkii y su ingenua aceptación de la revolución comunista como el mayor bien para sus conciudadanos y para la humanidad. ¡Por esa “Madre” estará permitido dentro de esa realidad hasta convertirse en asesino! Y es que las infames y cobardes FARC de nuestra Colombia querida sólo creen en ese tipo de madre “leninista/estalinista”. No tienen problema alguno, con su visión militarista criminal, en robarle a muchas madres campesinas sus hijos e hijas por todo nuestro territorio. No tienen problema alguno en obligar a abortar a aquellas guerrilleras que desean ser madres. No tienen problema alguno en dejar sin hijos/as a las madres de los secuestrados —basta recordar a la constante tristeza indignada de la madre de Ingrid—- sumidas en la profunda desgracia del desconocimiento y teniendo que recurrir a todos los medios para poder volver a ver a quienes dieron a luz en complejas situaciones personales. No tengo problema alguno en “madrearlos” eternamente como lo hacia hábilmente mi padre, ¿cierto? Y, ¡qué frescura recordar la operación Jaque!

Obviamente esto no quiere decir que siempre pudimos hablar; no, tú y yo lo sabemos bien, todo lo contrario. Pues al crecer yo de niño y de joven comenzaba a encontrar las palabras que creía tu ya tenías, pero que ya mayor entendí en realidad eran precisamente las pocas palabras que en verdad nunca habías podido hacer tuyas. Por esos motivos que ahora podemos juntos revivir y confrontar, un silencio profundo tomaba en ti el lugar de la palabra. Y como tú eras mi muy querida madre, ese silencio intentó hacer su casa también en mí. No resulta para nada extraño que haya decidido, muy pero muy joven a los 17 años, ir bien lejos de nuestra Colombia querida, al lugar de tu nacimiento, al lugar donde encontraste el amor y comenzó tu familia, al lugar donde yo me comencé a hacer quien soy; a ese hermoso Montreal que llevamos los dos en el alma como pocas ciudades y que parece gracias al “destino” podremos visitar en unos pocos meses de nuevo.

¡Y tal vez incluso sería como protesta ante esa realidad de silencio a la vez deseado y forzado  que me convertí en profesor de idiomas y traductor y escritor y profesor de humanidades con altísimo interés en la naturaleza del lenguaje siguiendo la obra de Taylor! ¿Sería un rechazo a esa existencia ensimismada que nos caracteriza a tantos como modernos? ¿Y ahora quien me calla, cierto madre? Pero tú sabes bien que no, que yo prefiero el silencio de la paz bien conseguida, que busco la distancia frente al constante bullicio. Y tú sabes bien que mi vida en los últimos años, años de enfermedad, ha sido un poderoso enfrentamiento de aquellos silencios y aquellas privaciones que te enmudecían y de cierta manera te hacían insensible y fatalista. Como decimos los colombianos, la grosera tradición del “deje así mijo”. Tal vez muchos países puedan “dejar así”; pero Colombia no es uno de ellos. Tal vez muchos ciudadanos puedan “dejar así”, pero los ciudadanos colombianos no son unos de ellos. Tal vez muchos hijos/as puedan “dejar así”: pero yo no seré uno de ellos. Y tú tuviste el coraje de no dejar así las cosas; mi padre lo intento también. Por eso pudimos cuadrar que fueran a la finca juntos. Porque es poco creíble la otra opción en que se desarrollan familias sin haber hecho el trabajo duro y largo de sanar la propia familia de la que se surge. A largo plazo, ¿habrá salud verdadera y real allí? ¿A qué precio?

Pero lo que sí quiere decir el no habernos escrito cartas es que la palabra hablada, o mejor la vivencia en cercanía silenciosa (porque fueron muchos los años que vivimos separados, muchos otros los que vivimos en cercanía en diferentes momentos de la vida)  siempre fue el camino de nuestra comunicación mutua por sobre cualquier posibilidad escrita. El motivo puede ser que el mismo escribir al cual me he dedicado yo, te causa un nerviosismo extremo por aquellas historias que sólo los dos sabemos. Entre ellas, ¿recuerdas esa profesora en Montreal que de entrada te indispuso hacia el conocimiento escrito?  Otras son demasiado evidentes.

Es por esto que escribo esta carta este día especial, sabiendo que para ti la actividad de la escritura te es ajena, misteriosa, incluso peligrosa. En verdad es peligrosa, a menos de que uno tenga la confianza requerida, y la habilidad retórica,  para seguir el camino indicado por las palabras. Y tal vez aunque somos en cierta medida  parecidos querida madre (incluso físicamente como me lo recuerdan los que nos conocen bien, y como lo revela de manera absolutamente impactante esa foto tomada por Marya sentados en aquella banca de Kensington en la que compartíamos mientras los seres de todo el planeta pasaban frente a nosotros),  lo cierto es que esa es la más profunda y dramática diferencia entre los dos. En la palabra escrita, en cambio, yo tal vez pueda encontrar el camino para darte un regalo de amor y de agradecimiento que sea mío, un regalo como —ahora lo entiendes un poco mejor —- muy pocos hijos/as pueden dar y muy pocas madres puedan recibir.

Porque en verdad te escribo esta carta para recordarte nuevamente mi amor por ti y para hacer de nuevo un recorrido de cómo fue que pasó aquello que paso entre los dos, es decir, el surgimiento de una profunda, real y verdadera amistad fundada sobre las complejas bases siempre presentes entre todas las madres y sus hijos (y de manera aún más compleja con sus hijas por razones que no es difícil imaginar). Son estas bases no siempre las más sanas posibles, en la medida en que la vida de sacrificio permanente con la cual vemos el valor de la madre puede generar un cierto tipo de dinámica que imposibilita un real querer y un real amor propio que es la condición sin la  cual una real amistad reflexiva y emocional se hacen imposible. En otras palabras, aun cuando esas no sean las intenciones reales, el camino de la vida y sus complejidades pueden llevar a un cierto tipo de autosacrificio que hace que el amor sea percibido como un cierto tipo de  “deuda” que debe ser “recompensada”. El ejemplo más preocupante para gente como yo es toda la parafernalia del llamado “Día de la Madre” en donde supuestamente por fin se les reconoce a las madres todo lo que han dejado de hacer y de ser por nuestra felicidad. La ironía es que resulta, hasta cierto punto, en un día de trancones y hasta  sobresaltos. Y ese orgullo pernicioso del autosacrificio incuestionado puede ser precisamente una de las mayores causas de un malestar generalizado que nos cuesta enfrentar decididamente. Esto sobretodo dada nuestra cultura colombiana y québecoise católica, en donde el sacrificio de sí mismo casi es el objetivo primario ya que de lo contrario supuestamente  —– Aristóteles diría, ingenuamente—– se dice que caemos en cierta vanidad orgullosa. Dicha tradición católica que como tu sabes respeto y defiendo —sobre todo frente a cierta arrogancia del cristianismo protestante en Colombia—- gracias a ejemplos católicos como el Padre Francis, el profesor Taylor, el Padre Durán, Pacho, Marya y  tú misma; pero que veo puede aprender de otras tradiciones y así generar mejores condiciones vitales para quienes la practican decididamente o al menos intentamos reflexionar honestamente acerca de sus limitaciones y posibilidades autodestructivas personales, y sobretodo, políticas (por ejemplo, la presidencia de Andrés Pastrana). Porque, ¿no resulta acaso extraño que sea difícil encontrar madres felices? En este sentido madre, y sabiendo de tu amor por la Virgen María, ¿no contrasta con esta realidad de la que te hablo el hecho de que la Virgen casi nunca es representada en nuestra tradición como sufriendo y padeciendo? (excepto claro, en el momento de la muerte de Jesús).

Como tú sabes, madre, es gracias en parte a esa otra tradición, la de los griegos y sobretodo la de Aristóteles y Sócrates,  que hemos podido comprender el sacrificio más allá de simples “deudas” que incluso en sus peores ejemplificaciones hacen que el mismo Dios quedé en cierto tipo de transacción negativa con nosotros! ¡La gracia de Dios con saldo en rojo!

Aristóteles —-como siempre—– nos ayuda a ver con una mayor claridad esa dinámica en dos apartes de su obra magistral sobre ética, es decir, sobre el carácter y la excelencia, sobre la virtud y la felicidad. Por un lado,  indica él el ejemplo culminante del sacrificio de las madres al decirnos que se considera que las madres aman tan incondicionalmente que:

“una señal de esto es que las madres  gozan en querer. Pues algunas entregan sus hijos para que (otros) los críen y, con tal de que sepan de ellos, los siguen queriendo sin buscar la correspondencia en el amor; y si no pueden tener ambas cosas, parece que les basta con verlos prosperar, y ellas quieren a sus hijos, aun cuando estos, por ignorancia, no devuelven nada de lo que se le debe a la madre.” (EN VIII *8)

Madre, como modelo de la entrega total; y yo que soy tu hijo veo ya en el transcurrir de los años los peligros de semejante ecuación total, sobretodo si no va de la mano de una cierta pausada reflexión. El olvido de sí mismo, la falta de felicidad vital real, la indignación ante la no-correspondencia, el silencio de la soledad y la acusación de miradas sin palabras. Podríamos decir de manera muy general que ese amor incondicional sin una mirada hacia la felicidad y al bien reflexivo de la madre misma puede terminar haciendo del amor maternal una labor y una carga incapaz de entrar a indagar seriamente la raíz de semejantes transformaciones inesperadas y  realmente problemáticas para el alma tanto de las madres como de sus hijos/as. ¡Y sobretodo, nos prepara menos para la vejez en la que ya no contamos con las energías para semejantes reflexiones y decisiones y en la que podemos entrar a depender totalmente de nuestros hijos/as!

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Reflections: Response to “El Tiempo” columns 7: Comentario a Francisco Cajiao: “Educar para la Política”, febrero 17 de 2009.

Debo decir que es casi siempre un verdadero placer leer sus columnas. Su profundo conocimiento de las dinámicas educativas de Colombia es admirable.

Ahora bien, considero que en su columna sobre educación para la política hay varios elementos de gran importancia. Ante las actuales dificultades políticas que vive nuestro país —y las conectadas dificultades éticas y educativas—— usted invita al lector, en parte, a hacer un recorrido histórico hacia los griegos. En este sentido usted, muy prudente y acertadamente, indica que hay al menos dos elementos a considerar. Citándolo directamente dice usted:  1. “La política es el comportamiento fundamental del ciudadano. Política viene de polis (ciudad). Por eso, cuando se habla de competencias ciudadanas es necesario entender que ellas deben conducir a la formación política. …. el ciudadano debe aprender desde su infancia a discriminar lo que conviene para el bien común, de acuerdo con un orden ético y jurídico.”,  y 2. “Siempre, desde la antigua Grecia, se consideró la educación como el medio privilegiado para fortalecer la democracia, formando ciudadanos libres, capaces de discutir sus diferencias y propuestas mediante el ejercicio de la razón. Por esto, el ágora es el espacio privilegiado de la política.”

Al primer elemento le podemos dar el nombre famoso de republicanismo clásico en la medida en que el ser humano según Aristóteles es por naturaleza un ser político. El segundo elemento que usted enfatiza acertadamente es lo que podríamos llamar la importancia de una educación liberal para los griegos. Lo cierto es que en su conjunto estos dos elementos indican una parte de las bases fundamentales de la reflexión filosófica sobre la política que encontramos principalmente en la obra de Aristóteles, que a su vez está respondiendo de manera directa, y también indirecta, a las reflexiones políticas y filosóficas por parte de Platón y su maestro Sócrates. Pero como veremos, estos dos elementos no subsisten de manera tan armónica como podríamos pensar, y sobretodo como podríamos desear, en tanto modernos. Es decir, en tanto modernos nos parecería obvio que, si  logramos dar con el adecuado tipo de educación política, entonces lograríamos llevar o transferir a la realidad esas conclusiones, los resultados de dicha investigación, como base de un proyecto político definitivo de fundamentos universales y generalizables. De esta manera, entonces la práctica y la teoría se retroalimentarían de manera beneficiosa para ambas de tal manera que la justicia se encarnaría como nunca antes. Algo así sí creyó posible todo movimiento marxista/socialista/comunista (y más aún el leninista/stalinista que es modelo aún para las afiebradas FARC) con su consigna de transformación total de la realidad tal y como aparece formulada de manera dramática en las breves y famosas Tesis sobre Feuerbach del propio Marx: (“Tesis 11: Philosophers have hitherto only interpreted the world in various ways; the point is to change it”.)

Pero me temo que semejante proyecto que cree que la educación política puede adquirir real vida y guiar decididamente “desde arriba” (e incluso militarmente) el quehacer político contrasta radicalmente con el verdadero realismo filosófico-político de los grandes pensadores políticos griegos Platón, Jenofonte y Aristóteles (posteriormente complementados por la obra de Cicerón para los romanos). No puedo entrar en detalle aquí, pero por ejemplo, el ejercicio dialógico que presenta La República de Platón, cuyo tema es la pregunta de su interés, es decir, la pregunta por la virtud de la justicia (virtud fundacional de lo político en tanto que nos remite al “bien común”),  invita no a que fundemos una ciudad realmente gobernada por aquellos filósofos políticos o líderes que supuestamente sí han logrado ver el verdadero esquema educativo a seguir, sino todo lo contrario, invita a ver en cierta medida el por qué de las limitaciones profundas y serias de creer que la teoría puede llegar a tener semejantes efectos sobre la realidad política de cualquier ciudad o de cualquier comunidad política. Es más, al comienzo del drama que es este diálogo fundacional entre Sócrates y dos interesantes jóvenes (Glaucón y Adimanto) con intereses políticos diversos, Sócrates mismo es forzado a permanecer en la discusión contra su propia voluntad. Posteriormente en el diálogo Las Leyes Platón retoma de nuevo las intrínsecas limitaciones de lo político comenzando esta vez su investigación desde el lenguaje propio  de lo político. Por ejemplo, los interlocutores son ahora hombres mucho mayores, ya no de Atenas sino de una ciudad extranjera debido a la peligrosa complejidad de las preguntas propuestas, hombres de la “tercera edad” que además deben beber un poco de licor (!) para poder incluso dar arranque al diálogo mismo acerca del complejo rol de las leyes y de lo divino en la fundación de una comunidad política.

Pero incluso, bajo cierta interpretación, también los últimos dos libros de la Política de Aristóteles revelan una posición similar; no hay allí un modelo que podamos simplemente copiar e instaurar en la realidad. Por el contrario, revela esta obra de manera magistral un cierto dualismo claramente jerarquizado indicando, a la vez, tanto la importancia del ámbito político como igualmente las limitaciones inherentes a dicho ámbito humano, limitaciones que sólo se vislumbran desde  la filosofía política  misma. Y una concepción similar ocurre en La República de Cicerón. Además, siglos después, Santo Tomás Moro siguiendo el mismo modelo escribió su Utopía que de nuevo es un ejercicio para percibir los límites de lo político desde el lenguaje de la filosofía política, no un manual de cómo llevar a cabo transformaciones definitivas en la “realidad”.

Esto es lo que se conoce, en el lenguaje de una corriente interpretativa que toma como base la obra de Leo Strauss, como el debate entre el “utopianismo clásico” que se enfrenta decididamente al “idealismo moderno”. Se resume dicho debate, y disculpe que no lo traduzca, de esta manera:

“classical political philosophy  conceives the “best regime” not as an ideal to be realized, nor even something to be approached and worked toward; the elaboration of the best regime is intended, rather, as a subtly playful thought-experiment meant to reveal the limitations of what we can expect from all actual political philosophy” (Pangle, Thomas, Leo Strauss: An  Introduction to his Thought and Intellectual Legacy, p. 46)

Es decir, sea lo que sea que aprendamos de los filósofos políticos griegos, resultará nocivo el no intentar ver sus escritos en sus propios términos. Es más, el pensamiento político clásico es la vacuna precisamente contra el  complejo deseo, por parte de cierto tipo de seres humanos,  de instauración de la justicia total y verdadera en el ámbito real de la política ciudadana. El siglo XX nos dio múltiples ejemplos de los desastres al intentar llevar a cabo cierto tipo de proyecto secular radical a como de lugar (Stalin, Mao, Khmer Rouge,  …. FARC). El periódo del terror bajo Robespierre que se desprende de la Revolución  Francesa de 1789 nos lo revela igualmente. Es decir, el deseo de encarnar un proyecto totalizante de justicia terrenal (piénsese en el resultado de “aplicar” el “Libro Rojo” de Mao para los ciudadanos chinos) , y un cierto deseo inmoderado, violento y hasta tiránico, parecen estar conectados de maneras que el racionalismo político griego nos permite entender mejor. Para estos últimos no puede haber una reconciliación final entre filosofía y política; es más, es gracias a esta fructífera tensión inevitable que garantizamos tanto cierta moderación real en la praxis política, como la creación de unos líderes/ciudadanos hasta cierto punto libres de falsas expectativas y deseos destructivos con respecto a un cierto ordenamiento legal que ellos encarnan y del cual descienden. Como usted lo pone: “el ciudadano debe aprender desde su infancia a discriminar lo que conviene para el bien común, de acuerdo con un orden ético y jurídico.” Pero además esta valiosa tensión “garantiza” la aparición en escena de aquellos individuos filosóficamente preparados en la tradición clásica que puedan generar interpretativamente dos proyectos diferentes, a saber,  la más profunda explicitación de las bases que fundamentan un proyecto político dado (piénsese por ejemplo en el valor que los straussianos le dan a los “Founding Fathers” de los Estados Unidos),  explicitación que a la vez  les permite de esta manera poder juzgar sana y prudencialmente —– al igual que criticar seriamente—— los progresos y/o retrocesos del ordenamiento mismo desde su fundación.  Un ejemplo de dicha postura dual sería el entrar a considerar críticamente la Constitución del 91 más allá de una simple defensa progresista. (more…)

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Response to “El Tiempo” columns 6: Comentario a Enrique Santos Calderón: “Canje sin arandelas: ¿mucho pedir?” Febrero 15 de 2009.

Usted dice:‘Cano’ es un tipo inteligente, con sardónico sentido del humor, pero forrado en una impenetrable coraza estalinista.”

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Jamás imaginé ——en pleno siglo XXI—— que se utilizaran las palabras ‘inteligente‘, ‘cómico’ y ‘estalinista’ en una misma frase.  Más allá de todo interés estratégico como lo fue el de Churchill, y con lo que ahora sabemos de la dictadura estalinista, ¿no resulta aberrante siquiera llegar a preguntarse algo así como,  “¿será que Stalin fue un “tipo inteligente”? ¿No es esto confundir lo que es inteligencia y sabiduría práctica (phronesis) con lo que es astucia pervertida y unas prácticas fundadas en acciones deplorables que justifican cualquier medio para cualquier fin? ¿No es esto confundir lo que es el sano humor de la autocrítica con el  sórdido cinismo de la  absolutez tiránica? Porque es en parte precisamente en la capacidad para reir que se revela nuestra capacidad para la libertad.

El que no se vea que esto es fundamentalmente inaceptable resulta seriamente preocupante para nosotros que creemos en cierto tipo de moderación y hace cada vez más imposible ——-irónicamente todo lo contrario a lo que pide su columna——–  una resolución seria al conflicto. Moderación, sí; moderación a cualquier precio, no. Canje sí, canje a cualquier precio, no.

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La columna de Enrique Santos Calderón: “Canje sin arandelas: ¿mucho pedir?”, Febrero 15 de 2009, dice así:

“Salida en falso la del presidente Uribe al calificar de “bloque intelectual” de las Farc al Comité de Colombianos por la Paz que ha intercambiado cartas con el sucesor de ‘Tirofijo’. Es macartismo primario, que desdice del jefe del Estado y les otorga a las Farc un estatus que ni tienen ni se merecen.

Ya quisiera ‘Alfonso Cano’ tener a su lado a un bloque de intelectuales. El prontuario de las Farc los ha espantado a todos, y hoy no conozco a un solo colombiano pensante que avale tan larga trayectoria criminal. Otra cosa es que muchísimos ciudadanos anhelen la paz, crean en el “intercambio humanitario” o piensen que las últimas liberaciones abrirían la puerta a una solución negociada del conflicto armado. Objetivos deseables pero -como están las cosas- aún lejanos. No por ello se los puede tachar de cómplices de la guerrilla.

La reciente matanza de indígenas awás (¿17, 27?) en Nariño -asesinados con arma blanca dizque por “colaboradores del Ejército”- borra a machetazo limpio la imagen buscada por las Farc con las liberaciones unilaterales de la semana pasada. ¿Acción inconsulta de un frente aislado en el fragor de la guerra? Es posible. Solo falta entonces que la condenen de manera inequívoca. Y aun así, este acto brutal reafirma la ya tal vez irredimible deshumanización a que ha llevado a las Farc su perversa estrategia de “combinación de las formas de lucha”.

Cartas amables a Piedad y liberaciones unilaterales, acompañadas de secuestros, bombas en las ciudades y masacres en la selva son una aberración que el país rechaza con la contundencia que demostró hace un año, en la más grande movilización ciudadana que haya producido Colombia en su historia. Pero esto parece resbalarles.

Existía la esperanza de que, tras el 4 de febrero, los golpes sufridos y la asunción del ex universitario Guillermo Sáenz a la cúpula, las Farc iniciarían algún replanteamiento de sus prácticas y concepciones. Vana ilusión, si nos atenemos al único pronunciamiento de fondo de ‘Alfonso Cano’ desde que asumió la comandancia (extensa entrevista en ‘Cuadernos para el diálogo’, 04-12-08), donde no expresa el menor remordimiento, ni la más leve autocrítica. Según el nuevo vocero del Secretariado, las Farc están ahí: inmodificables e incólumes, incontaminadas por el narcotráfico y aferradas a la lucha armada. Deprimente, pero cierto.

Llegué a pensar que alguna evolución visible produciría la llegada de ‘Cano’, con quien he hablado dos veces en mi vida. La primera hace 22 años, en tiempos de los diálogos en Casa Verde, y luego en el 2001, durante el despeje del Caguán, cuando me invitó a confrontar opiniones en su cambuche cerca de San Vicente. Discutimos más de ocho horas sin parar (sus segundos, ‘Pablo Catatumbo’ e ‘Iván Ríos’, quedaron tendidos del sueño) y fue muy poco lo que avanzamos. ‘Cano’ es un tipo inteligente, con sardónico sentido del humor, pero forrado en una impenetrable coraza estalinista.

En cualquier caso, las liberaciones que ordenó son un gesto unilateral de las Farc que se debe valorar. La desgracia cíclica de nuestro infernal conflicto es que cuando se presenta algún hecho constructivo, no pasa un día sin que se produzcan otros que lo anulen: la matanza de los awás, la exigencia de ‘Cano’ de incluir a ‘Trinidad’ y ‘Sonia’ en el intercambio, el progresivo endurecimiento de Uribe tras su positiva reacción inicial a las liberaciones…

Lo deseable, en fin, sería un canje simple y sobrio de los 24 uniformados aún en poder de las Farc por guerrilleros presos en Colombia. Expedito, sin trampas, shows, ni condiciones irreales de parte y parte. El Gobierno, que no debe alimentar falsos triunfalismos con las Farc, está en deuda con estos soldados y policías que han sufrido lo indecible. Y las Farc aún tienen que demostrar, con menos engaños y más hechos, un propósito de paz. Mientras tanto, en las mismas.”

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