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Escritos Visita Papa Francisco a Colombia 2017
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Texto completo. Rueda de Prensa del Papa Francisco en vuelo a Roma
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Deja el Papa a la Bogotá que nos vio nacer, deja a una ciudadanía –la violenta sobretodo— que debe entender que su violencia no hace sino hacerle daño a todos y a todas. La macabra del Bronx, incluida. La pobreza no lo permite todo.

Pero difícil. Un ejemplo, de muchos.

Hacia el 2002 sufrimos nuestro segundo mal-llamado “paseo millonario” en Bogotá. Les ahorraré los detalles más horribles, tal vez los relate luego. Pero lo cierto es que una vez en el taxi y “encañonado” por ambos lados en el asiento trasero –mirando para abajo para no ver la cara de los conciudadanos tan, pero tan, enfermos en su alma— pasamos por el puente de la 68 con 30. Desde el puente se ve el cementerio de Chapinero. Por un momento miré de reojo a los asaltantes, no sé ni por qué, pero vi lo que no hubiera deseado ver jamás.

Todos, con armas en mano, se persignaron.

¿Me entiende?

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Ahora sí que el Papa Francisco parte, veremos para qué lado se reconcilia Colombia. (!)
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Tin tin tin, y arranca el Primer Round cortesía del objetivo Espectador.
 
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La honestidad del Papa Francisco acerca de su limitada comprensión del ámbito político:

“De verdad, no entiendo el mundo de la geopolítica. Es muy fuerte para mí. Creo que, con lo que veo, hay una lucha de intereses que, se me escapa, no lo puedo explicar, de verdad. Pero lo otro importante: no se toma conciencia. Pienso en Cartagena hoy: ¿Esto es justo? ¿Se puede tomar conciencia?”

Un ejemplo sería el siguiente: sus repetidas solicitudes a la ONU para que sea la ONU quien “solucione” ciertos problemas políticos actuales.

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Quien haya seguido la visita del Papa Francisco con cierto entusiasmo debiera preguntarse —–e intentar responder lo mejor posible para sí mismo/a—– cuál es la posible relación entre estas tres memorables frases del Papa:

1. “Basta con una persona buena para que haya esperanza”

2. “No nos quedemos en dar el primer paso, sino que sigamos caminando juntos para ir al encuentro del otro”

3. ““No se dejen robar la alegría, no se dejen robar la esperanza”

Tal vez intentemos nosotros dar cierta luz al respecto, posteriormente. Una vista, así sea mínima, debiera mostrar al lector/a qué tan complejo sería interrelacionar estas tres frases.


A manera de ejemplo, pregúntese:
¿Por qué quien es el “único” bueno, debe dar el primer paso hacia el otro, si esto tal vez llevaría a que le robaran su alegría? Y muchas otras preguntas más complejas que esa. Y si no me cree, piense en la historia de Lot.(Frases aparecen aquí:  link  )
 
 
 
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Como último comentario acerca de la visita del Papa Francisco a Colombia, debemos comentar que un aspecto en el que la visión del Papa difiere radicalmente de la tradición republicana clásica está en el rol de los que tienen medios/riqueza —muchas veces familias con cierta historia—- dentro de la política. No se cansa el Papa Francisco de indicar que quien tiene dinero, y sobretodo quien ama el dinero, es mejor que no participe en política. El mensaje del Papa es tal, que a veces ni se separan esas dos condiciones.

Está equivocado —no, equivocadísimo— el Papa; no nos da miedo indicarlo. ¿Qué nos da la seguridad de saber que la visión del Papa es injusta con el ámbito político? Las palabras de Aristóteles acerca del rol de la magnanimidad (“megalopsuchia”) dentro de la vida política en su obra ética. Y no se requiere sino mirar brevemente el listado de virtudes que da Aristóteles y contrastarlas con las virtudes de la tradición católica, para ver el por qué. Y de igual manera no sorprende cómo, cuando Santo Tomás Aquino interpreta a Aristóteles, reduce esas virtudes —y sobretodo la magnanimidad— a un segundo plano. Están en todo su derecho, pero es más difícil autoconsiderarse aristotélicos cuando realizan estas reinterpretaciones que terminan hablando otro lenguaje totalmente diferente.

Y lo crucial, es que esta interpretación del Papa puede generar aún más daño del que ha generado en sociedades como Colombia y Venezuela. Es hora ya de recuperar el valor de la magnanimidad en lo político tal y como lo defiende Aristóteles en el LIbro IV de la Ética Nicomáquea. Para no mencionar otros temas ligados al anterior como el valor de la propiedad privada para la estabiidad y libertad de todo ámbito político.

El camino de la verdad no lo abre sólo la fe. El camino de la verdad lo abre también el pensamiento y la reflexión política. La fe, también, puede ser una adicción. (Para no mencionar lo obvio acerca de las propiedades del la Iglesia misma.)

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ESCRITOS CORRUPCIÓN Y PAZ COLOMBIA 2017

(y su contexto)

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El año pasado, el 2016, escribimos críticamente sobre el proceso de paz en Colombia (link ), en particular antes y después del plebiscito que ganó el “NO” contra todo pronóstico. Dicho resultado fue negado de manera anti-democrática y anti-ética. Ese es el contexto específico de los escritos que siguen a continuación.

Ahora, en el 2017, escribimos sobre la corrupción en Colombia. No es necesario ser un genio para ver la conexión entre la primera problemática y la segunda. Sin embargo, como se verá en los siguiente escritos, hay muchos que defienden la paz a como de lugar, incluso a través de medios corruptos. Consideramos también que los que creen ser los menos corruptos, pueden llegar a ser los más corruptos. Ahí el peligro omnipresente de la corrupción tanto privada como pública.

Afortunadamente, a diferencia de tantos columnistas y periodistas y demás personajes “importantes” de Colombia,  nadie nos ha pagado un peso por estos escritos. Tampoco nos han dado cargos o diplomas a través de ellos. Simplemente los hemos compartido, como los anteriores, en Facebook. Creemos que escribiremos menos y menos al respecto, simplemente porque creemos que escribiríamos palabras demasiado similares! Además sabemos que usted lector sabe mucho mejor qué hacer.

Escribimos en medio de circunstancias que algunos cercanos conocen, escribimos por amor a  Colombia y a Canadá; y sobretodo por el respeto y admiración a las palabras de Aristóteles acerca de la importancia de crear una ciudadanía ética y políticamente educada. Aristóteles, el modelo.

(Nota 1: Para tweets/tuits y columnas encontrarán el link, casi siempre, luego de una reflexión –—a veces corta, a veces larga (!)— acerca del tema.)

(Nota 2, Octubre 1 de 2017:

Y así como lo hicimos en el 2016 —–cuando dejamos de escribir por muchos meses sobre Colombia, hasta ya entrado el 2017—– ahora también dejaremos de escribir sobre Colombia hasta el 2018. Si a una sola persona le sirvió lo que escribimos durante estos largos últimos meses nos damos por bien servidos. Para nosotros es siempre un placer escribir y reflexionar. Quedan recopilados en nuestro blog.
Pero no sobra decir que se ha vuelto costumbre escribir y comentar día a día, segundo a segundo. Pero la realidad es que hay unos principios éticos y políticos que van mucho más allá del día a día. Estos principios son los que guían ahora y siempre, no dependiendo de circustancias históricas particulares, el quehacer politico. Esos principios los da Aristóteles en sus textos ético-políticos, textos que siguen y complementan la tradición inaugurada por Sócrates. Porque Sócrates se INVENTÓ el análisis filosófico de lo político. Impresionante. Y no sobra tampoco recordar que Sócrates no escribió una sola palabra, creemos, no porque le faltara tiempo para hacerlo, sino para indicar de manera inequívoca que la vida de la reflexión —la vida filosófica– es una realidad vital, una realidad de carne y hueso que nada escrito puede captar o explicitar. La reflexión permanente es un modo de vida.
Hasta el 2018, año que definirá el futuro de Colombia para siempre.)

 

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Osuna.

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(Añadido al final del 2017: diciembre 31.)

 

Que en el 2018 los colombianos y colombianas dejen clarito como el agua que no se van a dejar robar como en el plebiscito y que la paz de Santos ha de ser modificada fundamentalmente.
Sobretodo que sea modificada en cuanto a: a) la impunidad descarada de las no arrepentidas cabecillas de las farc con sus narcobienes, b) la reconfiguración de la triste y mal lograda JEP, c) la búsqueda de la corrupción electoral en la Presidencia de Santos, d) la persecución seria y colectiva de los narcos anti-colombianos, y e) la intervención exagerada y nada objetiva de a ONU en el futuro de Colombia.
(Como si los colombianos/as fueran niños/as que necesitan que les cojan de la mano para vivir. Háganse respetar colombianos/as. ¿No se cansan de que por fuera de su país los vean como niños y niñas?)
Que voten masivamente en contra de Santos y quienes defienden sus ideas como Vargas (y demás), y aún más en contra de quienes son hasta más extremistas como las farc y los académicos como Fajardo (y demás).
Todos tuvieron 8 años para mostrar los resultados de la paz, y no los lograron. Que no se escuden ahora en lo que siempre dijeron: “que no los dejaron.” Lo que ganaron con corrupción, no se les permitirá.
Voten colombianos/as masivamente en pro de la coalición por el NO tanto para congreso como para Presidente y Vice-Presidente.
Y que entiendan —además—- que si no lo hacen, perderán su libertad. Y la libertad una vez perdida hace indigno el vivir para ustedes como personas y para sus familias y seres queridos.

 

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(Añadido al final del 2017)

Para Santos, entre más enfermo el pueblo colombiano, más su gloria como sanador.

Pero un verdadero sanador no DESEA que los que quiere estén enfermos. TODO lo contario, desea con toda su alma NUNCA —JAMÁS— tener que ser sanador.

Santos, DESEA con su alma, ser sanador. Esa es su más grande enfermedad. Porque CREERSE sanador no es lo mismo que SER sanador.

O de otra manera, el que quiera ser sanador, que primero cuente como fue de enfermo.

Santos –según él mismo— nunca ha estado enfermo. De allí su soberbia. No lo sabe Santos, pero su soberbia es su enfermedad.

Para no mencionar su exorbitante riqueza; que incluso orgulloso muestra en su declaración de renta.

Y además de su amor por el dinero, el obvio deseo desenfrenado por el poder político. Esa enfermedad que lo une a las farc como a amigos.

Primero sánese para sanar otros como lo indica Aristóteles para quien la filosofía política es un tipo de medicina.

link

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(Añadido al final del 2017)

Otra manera de entender lo que dijo Santos.

a) Palabras luego de la visita del Papa a Colombia:

“Queridos hermanos colombianos. He conocido a tantas personas que me han tocado el corazón. Ustedes me ha hecho mucho bien”.

b) Contraste las palabras parafraseadas de Santos:

“Ustedes (no yo y mi familia, afortunadamente) están muy enfermos. Me lo dijo un académico de Harvard.”

Preguntamos: ¿Será que el Papa es tan burro?

CONCLUSIÓN:

Colombianos: alégrense en el alma que en pocos meses Santos no los gobernará más. Ese es el mejor regalo para el 2018. Ojalá quien lo reemplace corrija lo que han hecho Santos y sus seguidores —–sobretodo con respecto a las farc y a Venezuela y a la ONU—– y nos devuelva la dignidad y la libertad.

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(Añadido al final del 2017)

¿Cuál es la diferencia principal entre Don Quijote y Santos?

Que Don Quijote nos hace reír con sus locuras. No paramos de sonreír y reír en el espejo que es Don Quijote.

Santos, en cambio, no genera ni una sonrisa, y menos risa alguna.

¿Cuál es otra diferencia fundamental entre Don Quijote y Santos?

Que Don Quijote sólo necesito de un amigo para sus locuras andantes, un gran amigo. Sancho.

Santos necesitó de engañar a todo un pueblo sin nunca ser amigo de alguno.

Y en cuanto a las farc y sus crímenes de lesa humanidad, basta con leer el Capítulo 22.

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(Añadido al final del 2017)

Durante las aventuras de Don Quijote, Sancho Panza siempre sueña con poder gobernar una ínsula. Sancho Panza no se cansa de decir “ínsula o ínsulo”. Lo cual es muy cómico. El deseo de gobernar lo lleva a seguir las locuras de Don Quijote.

Pero una vez es gobernador, Cervantes nos hace ver lo poco deseable que le resulta la vida de gobernar. Sancho encarna esta crítica a la vida política. El capítulo 53 de la Segunda Parte se titula: “Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza.”

Conectado con lo que dijimos anteriormente —-quienes como el Presidente Santos con tranquilidad llaman a sus gobernados enfermos—- debieran leer y releer estas palabras para preguntarse si de entrada no hay algo de enfermo en su deseo de poder. Pero el poder parece que no es capaz de verse como enfermo y necesitando cierta sanación. No, al contrario, el poder cree sanar todo. “Si tuviera el poder, lo arreglaría todo”, se dice a sí mismo. Nadie puede hacerle ver lo contrario. El poder lo enceguece haciéndole reflejarse en un espejo de “pura” bondad incuestionable.

Para ni hablar del caso de Santos y su amor por el dinero, que es reflejado en la cantidad exagerada de propiedades que posee y que muestra orgulloso a sus conciudadanos, muchos de ellos y ellas sumidos en gran pobreza.

Además, y como lo hemos repetido una y otra vez, Sancho y Cervantes nos hacen reír. Santos no hace reír ni al más risueño.

Todo esto, y mucho más, es lo que enseña Aristóteles y lo que Santos poco ha aprendido.

Aquí, el leal Sancho:

link

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Nada como escuchar a un corrupto, pero poderoso, hablando de que en absoluto es corrupto.

(Pero bueno, eso lo escuchamos muchas, pero muchas veces, en nuestras vidas, de poderosos y nada poderosos.)

 

 

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El corrupto fiscal anti-corrupción mostrando orgulloso su libro. Clave para entender la epidemia de corrupción en Colombia.

 

 

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Ahora todo es cizaña. Que si digo “a” cizaña; que si digo “b”,
cizaña. Cizaña … la suya.

¿Quiere salir de la cizaña?

Entonces cuando hable o escriba –y sobretodo, cuando piense– hágalo a través de argumentos. Fácil.

Lo díficil. Que aprender a argumentar toma toda una vida que entre otras cosas requiere:

1) aprender a gustarle los argumentos,

2) aprender a gustarle evaluar buenos y malos argumentos a través de la razón,

SOBRETODO,

3) aprender a leer y leer y leer a quienes –especialmente si va a hablar de lo político—- han dado los más sofisticados y relevantes argumentos para comprender las posibilidades del ámbito político (Locke, Rousseau, Montesquieu, DeTocqueville, Marx, Hobbes, Aristóteles, Platón, Maquiavelo, Biblia, Santo Tomás Moro, Aquino, Lincoln …)

4) comenzar a entender la relación entre a) argumentación, b) carácter y c) retórica. (Acerca del triángulo Aristotélico puede aprender acá:https://prezi.com/7snss9sqhkoi/aristotles-rhetorical-triangle/ )

5) preferiblemente venir de una cultura que valore los argumentos (e.g., el valor de “public speaking” en los Estados Unidos —–de tanta importancia—- que los debates presidenciales cobran un valor sui generis)

y finalmente,

6) tener el ingenio, humor y amor-propio suficiente como para atacar la cizaña que desconoce de argumentos; no tratando de convercerla, sino silenciándola. ¡Porque a veces hay que ser al menos el doble de cizañero que el cizañero! (Y en casos extremos, evitándola, o usando los recursos legales disponibles)

Nota 1: ¿Quiere aprender sobre argumentación? Aquí puede hacer un curso completo gratis. ¿Único detalle? En inglés.

link

Nota 2: Otro sitio excelente,

link

Nota 3: Sin lugar a duda, el mejor texto introductorio sobre los más importantes argumentos políticos de la historia, es del Profesor Pangle y tiene versión electrónica para el app Kindle:

link

y gratis, acá:

link

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A manera de resumen, la división en Colombia se puede entender así:

Grupo A: Para algunos la paz con las farc es SEPARADA de la corrupción. Es más, para esos mismos, la paz es —en su imaginario– la que algún día futuro acabará usando su intensa luz la oscura corrupción, sobretodo la corrupción institucional. A estos se les puede llamar “los iluminados”. La paz es el INSECTICIDA de la corrupción.

Grupo B: Para otros la paz con las farc es el RESULTADO de la corrupción. Es más, para esos mismos, la paz –en su imaginario— es el camino disfrazado (como el cuento de las ovejas) hacia la máxima corrupción posible, la corrupción del alma de un pueblo y la entrega de la ibertad y la vida a unos pocos. A estos se les puede llamar “los realistas” . La paz es el ABONO de la corrupción.

La mayoría de colombianos pertenecen al Grupo B, como lo indican las encuestas. La ONU pertenece al Grupo A. La arrogancia de los iluminados —ahora miembros de la JEP— y sus deseos nunca cuestionados (como ocurrió en el plebiscito del 2016) son el impulso para ese rechazo de la población colombiana.

Sin duda alguna nosotros pertenecemos al Grupo B, y lo hacemos con orgullo. Colombia debe en su mayoría redefinir el proceso de paz hacia este Grupo B. Así la paz no destruirá la libertad sino que la hará más real.

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Filosofía política clásica; el modelo socrático y aristotélico como respuesta a las encrucijadas modernas.

El interés principal para esta propuesta de investigación ——como aspirante a su departamento——- es la de hacer una defensa profunda de lo que representa la filosofía política clásica como posible respuesta a la actual crisis del liberalismo moderno occidental. Dicha investigación se enfrentaría conceptualmente a los defensores del proyecto de la modernidad que buscan las condiciones universales para la defensa de nuestras democracias en una teoría comunicativa (Habermas), y a aquellas posturas que buscan hacer explícitas las condiciones fundacionales imaginarias e hipotéticas para una teoría de la justicia (Rawls). Por otra parte, aunque esta investigación ve la importancia del serio y profundo cuestionamiento radical a la razón moderna que plantean las obras de Nietzsche/Heidegger ——–que en su conjunto incluso llegan a cuestionar el proyecto occidental de racionalidad política fundado originariamente por Sócrates—– esta considera que la falta de una reflexión política sostenida permite a los neo-nietzscheanos post-modernistas (Foucault, Derrida) una ilusoria victoria conceptual que permanece incompleta, que es imprudente (en el sentido Aristotélico de phronesis), y que por ende es altamente peligrosa para la salud general de la comunidad política. En contraposición, afirmamos que es en la obra ético-política de Aristóteles que se da la máxima expresión de lo que representa la filosofía política clásica como contrapropuesta. (1)

Dejando de lado las múltiples interpretaciones que puedan haber surgido de Aristóteles, lo cierto es que al centro de la argumentación detrás de esta investigación radica una lectura que se funda en el pensamiento de Leo Strauss (y en particular, de su estudiante Thomas Pangle). En general el reto neo-aristotélico se ve enmarcado dentro de una tradición aún más amplia que se puede comprender hoy en día como la del “movimiento socrático”. Este movimiento de retorno retoma con seriedad el evento socrático ejemplar, a saber, el de la fundación de la reflexión filosófica de lo político por parte de Sócrates. Comprenden ellos que en efecto hay un segundo Sócrates que se ha distanciado de las presuposiciones apolíticas de los pre-socráticos, presuposiciones que llegaron a conformar la postura conceptual del primer Sócrates interesado exclusivamente en la pregunta por la naturaleza (physis). Esto es lo que es conocido como la “segunda navegación” de Sócrates (Fedón, 99c). Strauss lo resume así: “Socrates was the first philosopher who concerned himself chiefly or exclusively, not with the heavenly or divine things, but with the human things”; Strauss (TCaM, 13).  Es por ello que para lograr una real recuperación del reto del pensamiento político clásico se debe recurrir a la ya mencionada perspectiva que ve el debate antiguos-modernos como el conflicto fundamental para las aspiraciones de una verdadera filosofía política que tenga respuestas concretas, prudentes y sabias a nuestras crisis. (2) Sin embargo este retorno comprometido y serio al racionalismo de la filosofía política clásica tiene ya desde su comienzo diversas variantes interpretativas. Esto se puede ver claramente en la triple comprensión que se da de Sócrates por parte de Platón el filósofo dialéctico, por parte de Jenofonte el escritor militar y por parte de Aristófanes el comediante. La evidente tensión entre estas apropiaciones socráticas se ve claramente hoy en día en el contexto filosófico universitario en la medida en que Jenofonte no es considerado, como sí lo era en la antigüedad (por los romanos, por Maquiavelo, por Hobbes y por Shaftesbury), como un pensador digno de un estudio serio, profundo y continuado; sobretodo por la recuperación del valor de la retórica como lenguaje privilegiado de lo político. (3)

Ahora bien, la excepción a esta regla de exclusión silenciosa, es precisamente la propia tradición straussiana. Al recuperar la multiplicidad de lenguajes socráticos, y muy especialmente la obra de Jenofonte, la tradición straussiana gana una interpretación enriquecida de los clásicos, y en particular, de la obra aristotélica. El retorno recuperativo de la filosofía política clásica por parte de la tradición straussiana por lo tanto permite el planteamiento de preguntas olvidadas. Por ello a la base de esta interpretación surge la pregunta fundamental que el discurso filosófico moderno ha relegado al olvido, a saber, la pregunta misma de ¿por qué la filosofía? A la importancia de las preguntas heideggerianas tanto por el sentido del ser como por el “¿qué es la filosofía?”, se enfrenta una pregunta aún más fundamental y originaria en términos políticos. Es decir, el “qué es” de la filosofía sólo se puede comprender cabalmente una vez hayamos realizado una investigación prudente del “por qué” de la necesidad del filosofar dentro de la comunidad política. Leo Strauss ofrece cierta claridad acerca de esta pregunta que funda las posibilidades del saber filosófico una vez se ha liberado de su “amnesia” frente a la filosofía política clásica: “The philosophers, as well as other men who have become aware of the possibility of philosophy, are sooner or later driven to wonder, Why philosophy? Why does human life need philosophy? … To justify philosophy before the tribunal of the political community means to justify it in terms of the political community, that is to say, by means of a kind of argument which appeals, not to philosophers as such, but to citizens as such.” (mi énfasis) (4) Sin duda la academia, en gran medida, no ha escuchado este llamado. (more…)

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“Lo vital es lo irracional,
Lo antivital es lo racional.”

Chávez  (Documental canadiense titulado Revolución)

Comienza usted su muy cuestionable columna, indicando que en lo que concierne al racionalismo filosófico-político clásico, y en particular a la vertiente de Platón:

“Aún muchas personas que no han leído a Platón conocen su propuesta de una República aristocrática donde los más sabios, que son a la vez los más virtuosos, han de ser los llamados a gobernar el Estado-ciudad.”

Ya con estas palabras se indica el camino del descalabro. Los descalabros sobretodo más dramáticos se dan cuando una interpretación precisamente se funda en “rumores” –y se perpetúa a la manera de “rumores”—– más que en serias aproximaciones a los complejos textos en cuestión. Es claro que en tanto académico, y usted ha de saberlo bien como profesor,  intenta uno estar abierto a diversas interpretaciones de textos fundacionales. Sin embargo, cuando una interpretación es tan contrario, o tan simplificada, o tan tediosamente repetitiva, (o peor aún,  las tres a la vez),  en lo que se refiere a un texto para la reflexión política primordial  ——-es decir, la reflexión de un texto que abre el camino en occidente para la reflexión de una temática fundacional, la de la virtud de la justicia— se debe confrontar dicha interpretación limitada decididamente. Y si dicha interpretacion, en su aparente seguridad, además es utilizada para generar implicaciones políticas concretas y juzgamientos éticos específicos, pues con mayor decisión ha de confrontarse con seriedad.

Lo cierto es que toda su columna se funda en la presuposición interpretativa, repetida hasta el cansancio por la izquierda radical y la izquierda de centro latina una y otra vez sin imaginación hermenéutica inspiradora, de que La República de Platón tiene como conclusión fundamental el que la verdadera justicia, virtud fundamental de lo político en tanto que revela las condiciones para el bien común,  se dará solamente cuando los gobernantes virtuosos sean los filósofos y los filósofos virtuosos (que usted parece identificar con seres de perfección) sean los gobernantes. Es decir, la solución al problema de lo político se da en la coincidencia entre poder y saber. (1)

Pero una lectura más interesada en el aprendizaje de los grandes filósofos y escritores políticos clásicos  revela todo lo contrario; en particular, nada más foráneo al pensamiento dialógico platónico fundado sobre la base de una cierta skepsis socrática que va a contrapelo tanto de  un relativismo insulso que caracteriza muchas de nuestras decisiones éticas actuales, como de un absolutismo conceptual de formulismos repetitivos ad infinitum. Es más, tal vez nada haya hecho más daño político en América Latina que el silenciamiento de la filosofía política clásica que como usted parece asegurar indirectamente, estaba tan equivocada, que poco ha de enseñarnos como modernos. Pero me pregunto, ¿qué tal que los destinos del continente tal y como lo reveló Unasur, se estén generando a través de un efectivo silenciamiento de alternativas cuya fortaleza es en cambio reconocida a lo largo de la historia y de las culturas? ¿Qué tal que encontrásemos en Platón, o mejor, en la Filosofía Política Clásica como tal (Tucídides, Platón, Jenofonte, Aristóteles, Plutarco y Cicerón), el gran camino de moderación que es requerido para una real resolución a nuestra encrucijada como país y como continente? Porque, ¿no resultaría irónico que entre más se dice que se une América del Sur bajo una visión “social demócrata de izquierda” que pide valorar la diferencia, termine triunfando al eliminar la diferencia que una vez predicó hasta el cansancio? ¿No resultaría  altamente cuestionable el que  dicha retórica de apertura se mantuviese solamente “hasta conseguir el poder” que permita instaurar un nuevo régimen “revolucionario” absolutista?

Pero dejando estas preguntas de tan grande envergadura de lado, me limitaré ahora a  argumentar más concretamente el por qué su suposición es tan injusta en tanto académico, y seriamente equivocada en tanto candidato presidencial. Para ello recurriré a 3 puntos centrales –——lo más brevemente expuestos—– que espero le revelen la necesidad de retomar las preguntas fundacionales que permitan una argumentación mucho más profunda y enriquecedora de los dilemas y las encrucijadas a las que nos enfrentamos en la Colombia de hoy. Estos puntos serán; 1) aspectos del diálogo de Platón titulado la Apología, 2) aspectos del  famoso texto de la República al que usted hace alusión pasajera, y finalmente,  3) en tanto apéndice, aspectos relacionados con otro diálogo platónico, Las Leyes,  que permite una reconsideración que lo que hemos de entender por republicanismo clásico y de las intenciones platónicas que subyacen a su obra.

1. La Apología

Comencemos más allá de La República con lo más “obvio”, sinceramente, aquello que es demasiado obvio. La obra de Platón  gira en torno a, o mejor, es una defensa dialógica  de la vida de Sócrates. Ahora bien, como veremos, resultaría altísimamente extraño que  Platón “dedique” su obra a aquel ser del cual aprendió el filosofar, y sin embargo a la vez defendiera las posiciones que usted le atribuye. Por ello en la Apología de Sócrates (cuya lectura debe ser acompañada de la Apología de Jenofonte), no encontramos rastro alguno de esa ecuación que usted asume como fundamento de la “teoría platónica de las cosas”, a saber, una coincidencia entre el filósofo y el gobernante como resolución a la pregunta por la virtud de la justicia. En cambio, lo realmente impactante es que Sócrates allí precisamente dice y defiende —defiende con su vida ya que esta en un juicio condenado a la más severa pena posible por parte de la justicia política misma— todo lo contrario! Según Sócrates en dicho texto, que se da tan solo días antes de su muerte, el saber filosófico es por naturaleza una acción que se acomoda de manera mucho más saludable al ámbito de lo privado. Pero en vez de llenarnos de más “rumores”,  escuchemos al propio Sócrates:

“This is what opposes my political activity, and its opposition seems to me altogether noble. For know well, men of Athens, if I had long ago attempted to be politically active, I would long ago have perished, and I would have benefited neither you nor myself. Now do not be vexed with me when I speak the truth. For there is no human being who will preserve his life if he genuinely opposes either you or any other multitude and prevents many unjust and unlawful things to happen in the city. Rather, if someone who really fights for the just is going to preserve himself even for a short time, it is necessary for him to lead a private rather than a public life (mi énfasis: Apo. 31d-32a; edición Thomas G. West, disculpe la falta de traducción)

Como ha de ser evidente, estas palabras van en total oposición a su suposición, y por ende ponen en entredicho toda su columna ya que una coincidencia entre gobernantes y filósofos implicaría que los filósofos socráticos están de entrada interesados primordialmente en la búsqueda del poder político en el ámbito publico como medio para instaurar su visión absolutamente segura de la  justicia. Ahora bien, el por qué Sócrates prefiere la vida privada a la pública, bueno, eso sólo es posible entrar a considerar si superamos de una vez por todas su errada suposición que, para usar términos marxistas,  es enajenadora.  Pero sin duda unas de las claves radican precisamente en hacer la pregunta por la justicia no sólo en cuanto a su relación con las virtudes políticas tomadas como fines en sí mismas, sino también en cuanto a su relación con la noción de “felicidad” en términos de lo que cubre la correspondiente palabra griega eudaimonia.

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Reflections: Response to “El Tiempo” columns 7: Comentario a Francisco Cajiao: “Educar para la Política”, febrero 17 de 2009.

Debo decir que es casi siempre un verdadero placer leer sus columnas. Su profundo conocimiento de las dinámicas educativas de Colombia es admirable.

Ahora bien, considero que en su columna sobre educación para la política hay varios elementos de gran importancia. Ante las actuales dificultades políticas que vive nuestro país —y las conectadas dificultades éticas y educativas—— usted invita al lector, en parte, a hacer un recorrido histórico hacia los griegos. En este sentido usted, muy prudente y acertadamente, indica que hay al menos dos elementos a considerar. Citándolo directamente dice usted:  1. “La política es el comportamiento fundamental del ciudadano. Política viene de polis (ciudad). Por eso, cuando se habla de competencias ciudadanas es necesario entender que ellas deben conducir a la formación política. …. el ciudadano debe aprender desde su infancia a discriminar lo que conviene para el bien común, de acuerdo con un orden ético y jurídico.”,  y 2. “Siempre, desde la antigua Grecia, se consideró la educación como el medio privilegiado para fortalecer la democracia, formando ciudadanos libres, capaces de discutir sus diferencias y propuestas mediante el ejercicio de la razón. Por esto, el ágora es el espacio privilegiado de la política.”

Al primer elemento le podemos dar el nombre famoso de republicanismo clásico en la medida en que el ser humano según Aristóteles es por naturaleza un ser político. El segundo elemento que usted enfatiza acertadamente es lo que podríamos llamar la importancia de una educación liberal para los griegos. Lo cierto es que en su conjunto estos dos elementos indican una parte de las bases fundamentales de la reflexión filosófica sobre la política que encontramos principalmente en la obra de Aristóteles, que a su vez está respondiendo de manera directa, y también indirecta, a las reflexiones políticas y filosóficas por parte de Platón y su maestro Sócrates. Pero como veremos, estos dos elementos no subsisten de manera tan armónica como podríamos pensar, y sobretodo como podríamos desear, en tanto modernos. Es decir, en tanto modernos nos parecería obvio que, si  logramos dar con el adecuado tipo de educación política, entonces lograríamos llevar o transferir a la realidad esas conclusiones, los resultados de dicha investigación, como base de un proyecto político definitivo de fundamentos universales y generalizables. De esta manera, entonces la práctica y la teoría se retroalimentarían de manera beneficiosa para ambas de tal manera que la justicia se encarnaría como nunca antes. Algo así sí creyó posible todo movimiento marxista/socialista/comunista (y más aún el leninista/stalinista que es modelo aún para las afiebradas FARC) con su consigna de transformación total de la realidad tal y como aparece formulada de manera dramática en las breves y famosas Tesis sobre Feuerbach del propio Marx: (“Tesis 11: Philosophers have hitherto only interpreted the world in various ways; the point is to change it”.)

Pero me temo que semejante proyecto que cree que la educación política puede adquirir real vida y guiar decididamente “desde arriba” (e incluso militarmente) el quehacer político contrasta radicalmente con el verdadero realismo filosófico-político de los grandes pensadores políticos griegos Platón, Jenofonte y Aristóteles (posteriormente complementados por la obra de Cicerón para los romanos). No puedo entrar en detalle aquí, pero por ejemplo, el ejercicio dialógico que presenta La República de Platón, cuyo tema es la pregunta de su interés, es decir, la pregunta por la virtud de la justicia (virtud fundacional de lo político en tanto que nos remite al “bien común”),  invita no a que fundemos una ciudad realmente gobernada por aquellos filósofos políticos o líderes que supuestamente sí han logrado ver el verdadero esquema educativo a seguir, sino todo lo contrario, invita a ver en cierta medida el por qué de las limitaciones profundas y serias de creer que la teoría puede llegar a tener semejantes efectos sobre la realidad política de cualquier ciudad o de cualquier comunidad política. Es más, al comienzo del drama que es este diálogo fundacional entre Sócrates y dos interesantes jóvenes (Glaucón y Adimanto) con intereses políticos diversos, Sócrates mismo es forzado a permanecer en la discusión contra su propia voluntad. Posteriormente en el diálogo Las Leyes Platón retoma de nuevo las intrínsecas limitaciones de lo político comenzando esta vez su investigación desde el lenguaje propio  de lo político. Por ejemplo, los interlocutores son ahora hombres mucho mayores, ya no de Atenas sino de una ciudad extranjera debido a la peligrosa complejidad de las preguntas propuestas, hombres de la “tercera edad” que además deben beber un poco de licor (!) para poder incluso dar arranque al diálogo mismo acerca del complejo rol de las leyes y de lo divino en la fundación de una comunidad política.

Pero incluso, bajo cierta interpretación, también los últimos dos libros de la Política de Aristóteles revelan una posición similar; no hay allí un modelo que podamos simplemente copiar e instaurar en la realidad. Por el contrario, revela esta obra de manera magistral un cierto dualismo claramente jerarquizado indicando, a la vez, tanto la importancia del ámbito político como igualmente las limitaciones inherentes a dicho ámbito humano, limitaciones que sólo se vislumbran desde  la filosofía política  misma. Y una concepción similar ocurre en La República de Cicerón. Además, siglos después, Santo Tomás Moro siguiendo el mismo modelo escribió su Utopía que de nuevo es un ejercicio para percibir los límites de lo político desde el lenguaje de la filosofía política, no un manual de cómo llevar a cabo transformaciones definitivas en la “realidad”.

Esto es lo que se conoce, en el lenguaje de una corriente interpretativa que toma como base la obra de Leo Strauss, como el debate entre el “utopianismo clásico” que se enfrenta decididamente al “idealismo moderno”. Se resume dicho debate, y disculpe que no lo traduzca, de esta manera:

“classical political philosophy  conceives the “best regime” not as an ideal to be realized, nor even something to be approached and worked toward; the elaboration of the best regime is intended, rather, as a subtly playful thought-experiment meant to reveal the limitations of what we can expect from all actual political philosophy” (Pangle, Thomas, Leo Strauss: An  Introduction to his Thought and Intellectual Legacy, p. 46)

Es decir, sea lo que sea que aprendamos de los filósofos políticos griegos, resultará nocivo el no intentar ver sus escritos en sus propios términos. Es más, el pensamiento político clásico es la vacuna precisamente contra el  complejo deseo, por parte de cierto tipo de seres humanos,  de instauración de la justicia total y verdadera en el ámbito real de la política ciudadana. El siglo XX nos dio múltiples ejemplos de los desastres al intentar llevar a cabo cierto tipo de proyecto secular radical a como de lugar (Stalin, Mao, Khmer Rouge,  …. FARC). El periódo del terror bajo Robespierre que se desprende de la Revolución  Francesa de 1789 nos lo revela igualmente. Es decir, el deseo de encarnar un proyecto totalizante de justicia terrenal (piénsese en el resultado de “aplicar” el “Libro Rojo” de Mao para los ciudadanos chinos) , y un cierto deseo inmoderado, violento y hasta tiránico, parecen estar conectados de maneras que el racionalismo político griego nos permite entender mejor. Para estos últimos no puede haber una reconciliación final entre filosofía y política; es más, es gracias a esta fructífera tensión inevitable que garantizamos tanto cierta moderación real en la praxis política, como la creación de unos líderes/ciudadanos hasta cierto punto libres de falsas expectativas y deseos destructivos con respecto a un cierto ordenamiento legal que ellos encarnan y del cual descienden. Como usted lo pone: “el ciudadano debe aprender desde su infancia a discriminar lo que conviene para el bien común, de acuerdo con un orden ético y jurídico.” Pero además esta valiosa tensión “garantiza” la aparición en escena de aquellos individuos filosóficamente preparados en la tradición clásica que puedan generar interpretativamente dos proyectos diferentes, a saber,  la más profunda explicitación de las bases que fundamentan un proyecto político dado (piénsese por ejemplo en el valor que los straussianos le dan a los “Founding Fathers” de los Estados Unidos),  explicitación que a la vez  les permite de esta manera poder juzgar sana y prudencialmente —– al igual que criticar seriamente—— los progresos y/o retrocesos del ordenamiento mismo desde su fundación.  Un ejemplo de dicha postura dual sería el entrar a considerar críticamente la Constitución del 91 más allá de una simple defensa progresista. (more…)

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