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Archive for January, 2009

Lincoln and Generals

Abraham Lincoln y la esclavitud, Response to “El Tiempo” columns 5: Comentario a Daniel Samper Pizano “Lincoln, un racista lleno de gloria”, enero 6 de 2009.

(Nota: Para otro texto sobre “Lincoln y su uso de la retórica  política” escrito en inglés ver aquí )

Sin duda el hecho de que su columna haya sido respondida a partir de citas textuales de la obra de Lincoln no es gratuito. Esa decisión revela en sí misma una posición radicalmente diferenciada de la suya. Se podría defender dicha posición de diferentes maneras. Una de ellas podría argumentar lo siguiente: “si Lincoln mismo con sus propias palabras no puede defenderse de sus acusaciones altamante incompletas y cuestionables, pues menos lo haremos aquellos que no hemos logrado la grandeza que Lincoln sí alcanzó no sólo en actos sino en su admirable manera de escribir sobre y enfrentar decididamente y con gran coraje los complejos dilemas políticos de su época.” Pero además, dicha postura puede invitar a una relectura mucho más cuidadosa y hermeneúticamente mucho más generosa de la obra de Lincoln que la suya; sobretodo teniendo en cuenta que su obra es admirada por su originalidad reflexiva, por su socrática capacidad de autocuestionamiento  —evidente en las citas que le envié—— y por su poderoso manejo retórico del lenguaje público siguiendo el modelo de los Griegos Antiguos. En este sentido es de absoluta importancia el que las citas que usted provee sean claramente identificadas en cuanto al punto preciso de su aparición dentro de la amplia obra de Lincoln (es decir, cuál discurso, qué  año, qué circunstancias, ante cuál audiencia, y otros.)

O podríamos poner la cuestión de una manera más personal. Si bien leo con frecuencia sus columnas, en verdad es raro que su dinámica logre penetrar los fundamentos político-filosóficos que están a la base de mi vida académica y práctica. En verdad en su caso debo decir que llegamos a implementar aquello a que la democracia invita,  a la tolerancia de la diferencia (¡y qué diferencia tan difícil de tolerar!) Y a diferencia de otras ocasiones, en esta oportunidad decidí responder y hacerlo de una manera específica, simplemente citando “como buen loro” las palabras de Lincoln referidas especificamente a los temas tratados en su columna, especialmente la problemática compleja de la esclavitud. Imagino su respuesta ante tal posición algo así como lo siguiente: “Bueno, si hermano, pero ahora dígame usted qué piensa, o es que acaso idolatra a Lincoln?” Si estoy —–así sea tan solo medianamente—– en lo correcto, entonces tal vez las citas hayan tenido el efecto deseado. ¿En qué sentido? En el sentido paralelo siguiente;  al leer la columna sobre Lincoln y su respuesta lo único que yo podía pensar era; “Bueno, hemano, pero ahora dígame que era lo que Lincoln decía, o es que acaso sólo caricaturiza a Lincoln?” Y claro ante un personaje como Lincoln prefiero pecar de idólatra antes que de caricaturizador.

Más positivamente, veo en su columna un deseo por darle una voz a las grandes y complejas comunidades negras que no sólo en la historia de los Estados Unidos sino en nuestra propia Colombia han sido tratadas de manera condenable, antes como propiedad sin alma, ahora como supuestos ciudadanos pero tan sólo de segunda clase. Su riqueza cultural, musical y  política silenciada por muchas décadas. Pueda ser que las leyes hayan prohibido la escalvitud, pero la dinámica racista perdura entre nosotros de manera preocupante. Basta pensar en Martin Luther King, y el caso de dramático de la realidad chocoana en nuestro país. No en vano las lágrimas de muchos afro-americanos al darse cuenta que Obama en realidad sí había sido elegido; era como si no lo creyeran. En este sentido su postura interpretativa, que busca un espacio real para la dignidad de la diferencia para ciertas minorías, es bienvenida y digna de defensa, aun cuando el tono y la argumentación en muchos casos deja muchas dudas acerca de la consecución de dicho objetivo. Y claro, realizar semejantes proezas en una corta columa periodística involucra ya de entrada una gran injusticia de mi parte.

Habiendo dejado eso en claro, surgen ——creo yo, y perdonará la excesiva extensión de esta respuesta—— al menos tres críticas de gran  importancia a los puntos de vista brevemente expuestos en su columna: 1) cuestiones generales metodológico-interpretativas a la base de su visión de mundo, 2) cuestiones más específicas, particularmente referidas al contraste realmente problemático entre lo que dice el propio  Lincoln, confrontado a su interpretación —basada en un grupo de historiadores, más no en el único grupo (piénsese en la obra de Jaffa sobre Lincoln)—– acerca de lo que se dice que dice Lincoln,  y 3) los dilemas práctico-políticos concretos frente a la cuestión de lo público en Colombia que generan su postura casi que orgullosa de destrozar todo mito político relevante, ingenuamente al mismo tiempo aparentando defender la posibilidad de una vida política en la que los mitos sean dejados de lado por completo.  A continuación cada una de estas críticas:

1) Lo cierto es que las diferencias metodológicas/interpretativas a la base de nuestras aproximaciones a la historia de lo político, y sobretodo de los grandes líderes políticos son abismales. Y estas diferencias metodológicas/interpretativas hacen inevitable que veamos dos mundos esencialmente opuestos. Envié la cita porque en cuanto a Lincoln y sus posturas frente a la igualdad racial es mejor leer lo que él mismo asevera.  Como hace mucho sigo sus columnas —es raro que este de acuerdo con alguna de ellas—- puedo decir que comprendo varios de sus puntos de partida como periodista. Interpretativamente existe la idea de que los llamados “hombres/mujeres de estado’ son: a) simples estrategas en búsqueda de aquello que conviene más a su deseo por poder que cualquier causa noble/honorable; b) sus palabras en general sólo reflejan aquellas motivaciones inconscientes que ellos no pueden nunca llegar a superar; c) recurren a cualquier medio para obtener su fin que esta lejos de la nobleza y honorabilidad de lo político. Ahora bien, un resumen de la postura radicalmente crítica de sus presuposiciones se  encuentra —entre otras—- en la obra de Thomas Pangle que argumenta que por el contrario hay una tradición que restaura el civismo ejemplar de los grandes “seres de estado” a su correcta posición. No en vano esta tradición mira atrás, a la filosofía politica clásica griega (sobretodo Aristóteles), como su guía. Disculpará que no la traduzca;

The rebirth of classical republican theory restores civic statesmanship to its princely throne as the highest subphilosophic human calling. And Strauss’s teaching instills a tempered appreciation for the nobility  of the political life within liberal democracy  as the best regime  possible in our epoch, in full awareness of this democracy’s and that epoch’s intensifying spiritual and civic conundrums. Strauss’s thought carries an implicit as well as explicit severe rebuke of those thoughtlessly egalitarian historians and social scientists who debunk, rather than make more intelligible and vivid, the greatness of statesmen. Strauss deplores and opposes the prevalent scholarly tendency to belittle or ignore political history  for the sake of subpolitical “social” history —to reduce the debates and deeds of active citizens and their leaders to merely “ideological” contests masking supposedly deeper economic or “social” forces. He argues that these fashionable scholarly and teaching trends not only undermine the already precarious respect for political debate and public spirit, but also falsify the empirical reality of man as the political animal.” (mi énfasis; Thomas Pangle, Leo Strauss: An Introduction to his Thought and Intellectual Legacy,  p. 82)

Tal vez reconociendo la diferencia –que es algo a lo que usted invita—- modere así sea un poco la manera en que se aproxima a los grandes líderes políticos que desde el ámbito de lo político son admirados por su nobleza y que desde el llamado “cuarto poder” (la prensa libre) son constantemente cuestionados utlizando un lenguaje foráneo, muchas veces indignado y sin duda interpretativamente limitado. ¿Acaso no está en el “cuarto poder”  el poder —–y sobretodo el DEBER—– de generar, o ayudar a generar las condiciones de estabilidad política y generación de líderes y de una ciudadanía fuerte que garantice que la democracia logre sus objetivos de la mejor manera posible?  O como lo dijo Bolívar, otro gran hombre de estado relevante para nuestra encrucijada colombiana:

“Un hombre como yo, es un ciudadano peligroso en un Gobierno popular; es una amenaza inmediata a la soberanía nacional. Yo quiero ser ciudadano, para ser libre y para que todos lo sean. Prefiero el título de ciudadano al de Libertador, porque este emana de la guerra, aquel emana de la leyes. Cambiadme, señor , todos mis dictados por el de buen ciudadano.
(Discurso al Juramentarse como Presidente de la República ante el Congreso, Cúcuta, 1821; Brevario del Libertador, Ramón de Zubiria p. 172)

Y por ende surgen muchas preguntas frente al sarcasmo de su columna, incluyendo: ¿cómo generar dichos ciudadanos si nos mofamos de los líderes que son precisamente los más ejemplares ciudadanos a nuestro alcance? (more…)

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