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Archive for September, 2004

Querido Padre:

 

Escribo esta carta porque  quiero que sepas algunas cosas mías. Aunque podría hablar de muchos temas, algunos de pronto  poco agradables, quisiera limitarme a decirte algunas cosas que pienso de ti, y otras de muchas que te agradezco.  

 

Debo decir que me ha llevado mucho a­ños llegar a entenderte mejor. No ha sido fácil en parte porque eres una persona compleja, llena de energía y con un carácter muy particular; y en parte además porque me ha tomado tiempo comprender el complejo recorrido de mi vida  mucho mejor para así poder intentar decir algo de los demás. Sea como sea, lo que sé sin duda es que soy una persona muy especial. Tal vez esta carta te haga saber un poco por qué.

 

Debo comenzar diciéndote que  tal vez a comparación de tus otros hijos yo te conozco  en ciertos aspectos que para los demás están vedados.  Tal vez nuestras agarradas tan fuertes cuando hablábamos duro eran en parte porque en ciertas cosas nos parecemos. Ambos somos seres que tenemos mucha energía –lo que los griegos llamaban thumos (espíritu)— y a veces no la sabemos encaminar lo mejor que podemos.

 

Quisiera hacerte saber algunas cosas que recuerdo de ti  y que tal vez tu ignoras. Te cuento, por ejemplo, que mi amor por los relojes se lo debo a ti. Toda mi vida he tenido relojes y no me interesa tener ningún otro lujo en términos de joyas. Siempre recuerdo todos los relojes que me regalaste y cada reloj que tengo me recuerda que tu me enseñaste a  querer los relojes. Tal vez tu no sepas eso. Pero de eso se trata esta carta, que sepas  algunas cosas que ni te imaginarías.  Las veces que me robaron los relojes en Colombia debo decirte que  para mi era crucial volver  a conseguir un reloj. Estoy seguro que no te imaginarías lo que hace que un padre le enseña a un hijo a querer los relojes. Pero aún más yo he ido mucho más lejos y gracias a mis estudios he intentado comprender filosóficamente la temporalidad que somos como seres humanos. Esa temporalidad que se nos escapa a los dos pues ambos envejecemos y mi cuerpo tal vez lo haga más rápido aun que el tuyo que todavía camina por las fincas.

 

Y esto mismo podría decir de las cámaras. Hoy en día tengo un Canon Digital muy bella y si no es porque tu nos inculcaste que comprar una cámara era importante nunca habría sabido lo crucial que es. Desafortunadamente tengo muy pocas fotos tuyas, pero sin embargo como te revelará esta carta a veces las fotos son poco importantes. Esta carta es una de las fotos que tengo tuyas, refleja el cómo te veo a través de mi lente actual.

 

Recuerdo además con muchísima alegría los postres que nos traías  de Pan Fino de la 15.  Cada vez que veo postres en una delikatessen recuerdo eso. Tal vez no nos hayamos visto  mucho en ciertos momentos, talvez en los momentos en que nos hemos visto, hemos hecho todo menos vernos (tal vez, lo repito, porque en elementos de nuestro carácter somos un poco parecidos). Pero te invito a que cuando veas un Pan Fino recuerdes que yo recuerdo como nos endulzabas la vida con esos postres y brazos de reina (para no hablar de los tamales). Con tu diabetes no podrás disfrutar de esos postres como lo hacías antes, pero tal vez a tu edad sea mejor recordar que un hijo recuerda lo dulce que eran esos obsequios azucarados.  

 

Sin lugar a duda el más importante regalo que me has dado es el amor por la naturaleza. Eso si en verdad no tengo cómo agradecértelo.  Tal vez tu me conozcas muy poco, tal vez yo no sea fácil de conocer (afortunadamente), pero lo cierto es que el haber vivido en las fincas –así fuese simplemente de turista y no de trabajador como tu—  es un regalo incomparable sobre el cual no puedo uno sino decir gracias. Claro  hubo muchos problemas también, y  tal vez nunca entiendas cómo veo yo (con la influencia de profesores como Charles Taylor, Thomas Pangle y Aristóteles) las fincas, pero lo que sí es cierto es que sin tu dedicación y entrega a ellas nunca habría podido vivir la cercanía que siento a las frutas, a los árboles, a los caballos y tantas, pero tantas otras hermosas verdes realidades andinas y latinas que me permitiste conocer desde joven. Hoy en día mi doctorado tiene mucho que ver con la relación que debemos tener los seres modernos con la naturaleza. Vuelvo y te repito, no tengo como agradecerte el que hayas hecho posible con tu vida eso para mi. Tal vez recuerdas cuando me trataste de comprar algunos libros de Emilio Salgari con sus cuentos de piratas y filibusteros. Pues bien gracias a ti viví en carne propia mi propia aventura entre los árboles que plantaste y que defendiste con toda tu fortaleza.

 

Recordaré siempre  cómo hiciste posible que se hiciera el proyecto de FORFA. Yo creo que ustedes no entenderán nunca cual era la idea detrás de todo ese evento. Como le dije a Carlos en el momento en que me despedí,  el haber hecho FORFA fue un verdadero error. Como le indique se enriquecerían mucho más ustedes si leyeran lo que se ha escrito de las posibilidades en la comprensión y el uso de la propiedad privada. No en vano uno de los temas políticas que más me interesa es el papel de la propiedad privada en la sociedad. En ese tema soy radicalmente aristotélico; tal vez tengamos algún día tiempo para discutirlo. Lo cierto es que, no importa quién tenga FORFA, ahora es evidente que es un apartamento muchísimo más bello de lo que era antes. Y sin duda tu fuiste el que en principio lo hizo posible. Espero que con tu años, tu experiencia y tu madurez puedas ver qué podría haber detrás de dicho proyecto y que comprendas lo que no has podido comprender hasta ahora.  

 

Es muy desafortunado que la vida  no nos enseñe muchas cosas más rápido a los hijos y que  no haga más abiertos a los padres y a las madres.

 

Sin embargo debo recordar dos cosas más que jamás dejarán de impactarme de ti. En primer lugar, el humor que es el elemento de tu personalidad que siempre llevaré como recuerdo dentro de mi. Esa capacidad para ser irónico y burlarse de los demás pero al mismo tiempo hacer sonreír al otro. Esa habilidad yo la he desarrollado un poco en mi vida, pero sin duda  tu gran habilidad como orador, como  magneto  publico y tu energía de comandar atención  son dignas de admiración y grato recuerdo.  Sin duda tu sabes que esas habilidades se te han escapado de las manos a ti muchas veces, pero al mismo tiempo son habilidades que hoy en día sea han perdido más y más en nuestra sociedad.  El ex ministro Londoño es por el estilo. Además por momentos no tuviste una audiencia  apropiada. Pero igualmente a veces no supiste ver la audiencia que tenías al frente. Tu eres un ser de vieja época, de un universo  más aristocrático y eso me ha tomado tiempo comprenderlo. Debo decir que eso me pesa un poco. Por ejemplo, créeme que hoy en día te entiendo mucho más y recuerdo entre sonrisas como hacías tanto énfasis en que conocías al hijo de un  ministro de Guatemala —no importa si es Guatemala o no—- en McGill (entre otras importantes personalidades políticas) . Debo confesarte que es admirable que hubieses conocido a gente tan importante. Por múltiples razones  en un principio pensaba que simplemente hablabas de esas memorias por pura soberbia. Pero debo decirte: ¿uno a veces si es un poco cerrado, no? Sin embargo hoy en día tengo una visión mucho más compleja de la vida. Y claro es una visión todavía muy diferente a la tuya, pero que reconoce algo de la tuya. Te agradezco que en un momento dado hayas intentado contactarme con tus amigos importantes. En verdad siento,  por diferentes razones,  no haber estado preparado para esa oportunidad y al mismo tiempo  sé que tal vez yo tenía que vivir ciertos eventos en mi vida para poder comprender mejor  quién soy y cuál es la relación entre la vida política y la vida filosófica. De eso se trata mi doctorado y por ello he leído bastante a Bolívar y a Luis Carlos Galán entre otros.

 

El segundo elemento inolvidable de tu carácter es tu habilidad  como ser público. Eso sin duda lo debiste heredar de tu padre y su actividad pública muy importante para nuestro país. Siempre me preguntaré por qué no ingresaste a la vida pública colombiana. ¿Acaso no sabes tú que eres  en parte el prototipo perfecto del hombre público? Aquel hombre que  es líder de proyectos y que por ser líder, y por ser generador de múltiples ideas, tal vez es, en ciertos momentos, incomprendido; ser que además lleva consigo una cierta soledad así este acompañado de muchas personas. Por ejemplo, siempre me arrepentiré de no haber aprovechado todo tu conocimiento de la historia política colombiana; que me contaras de la época de la violencia, de los cambios estructurales que ha vivido el país en estas décadas. Como hubiera querido que me contaras  tus recuerdos del Bogotazo, tus recuerdos de  Bogotá cachaca, tus recuerdos de lo que fue  la transformación de la Colombia cafetera a una que  diversificó su economía (como tu obviamente lo has tratado de hacer con Samarkanda y Picachos). Que me contaras tus recuerdos de conversaciones con el abuelo sobre política y sus implicaciones para el país. Como hubiese querido aprovechar tu conocimiento del colombiano común, tu contacto con los campesinos, con las autoridades, con los grupos extremistas. Sin duda cuentos imprescindibles para comprender el futuro de nuestro país. Tu escogiste a Colombia habiendo poder vivido en cualquier país del mundo. Esa es la decisión de un ciudadano comprometido. Lástima no haber podido llevar a cabo más discusiones sobre el importantísimo rol de Uribe en la actualidad colombiana. Los últimos años de estudio los he dedicado a una comprensión más cabal de la historia política colombiana y debo decirte que tenia una mina de  oro al frente y por cuestiones de la vida  permaneció, como El Dorado (y como las guacas de Picachos),  oculta.

 

Finalmente debo mencionar la cantidad de libros  que siempre tuviste a tu lado. Que triste legado el que dejamos nosotros dos de nunca haber hablado de un libro. Me estremezco de ver los pocos libros que tienen tus otros hijos e hijas en sus casas y apartamentos. Una vida sin libros es una vida empobrecida, limitada, peligrosamente ingenua e ignorante. Cómo le pesan a uno ciertos eventos en la vida. Pero al mismo tiempo te aseguro que si no hablamos de libros, y no se si quiera  si hablásemos de los mismos libros, lo cierto es que en mi vida los libros se han vuelto  como los hijos que no he tenido.  Siempre recordaré el que la última vez que estuve en Toronto te pedí que me enviaras los libros de arte que había dejado en Colombia y que tu me regalaste. Tu me los enviaste sin dudarlo un segundo. No en vano ya voy a tener unos 200 cuadros. Además todavía tengo conmigo los tomos del Quijote que me regalaste. Y claro yo ya he leído el Quijote dos veces, espero que tu lo recuerdes bien. Sobretodo porque ante su inminente muerte Don Quijote escucha llorar a quienes  lo rodean en su lecho de muerte. Y él —-ya medio cuerdo, todavía medio desquiciado—– les dice que dejen de llorar pues lloran porque ellos no han vivido la vida.  Si supieras lo que he vivido en mi vida, de pronto te desmayarías. Esta carta se trata de agradecerte lo que has hecho con la tuya, pero con cierto nivel de profundidad y complejidad.

 

Pero claro,  debo decir que con los años de lectura que he hecho en mi vida es muy, pero muy seguro, que en ciertos temas no aguantarías ni dos rounds conmigo!

 

Tantas cosas que te agradezco, y yo lo he hecho muchos años. Pero tal vez es muy importante que ahora sepas estas cosas. Yo tengo muy buena memoria hasta en detalles mínimos y por eso serían muchas más las cosas que podría escribir, sin esfuerzo, sin tener que pensar demasiado.  

 

Sólo te mencionaré una. Una de las últimas veces que nos agarramos en vivo y en directo fue en el sótano de la 140. Tal vez tu no te acuerdas ya. Pero yo si recuerdo muchas cosas con muchos detalles. El reloj del carro marcaba las 11:11 de la noche y tu me dijiste que era curioso. Desde esa época siempre que veo un reloj y lee las 11:11, deseo que estés bien y que  tu cuerpo sea fuerte para poder vivir más años.  También pido que  tengas una mayor autoconciencia de quién eres.

 

En verdad te pido que esa alma tuya, tan fogosa y llena de espíritu,  trate de calmarse cuando le hable a los demás y sobretodo  a tus otros hijos y a tus nietos. A mi me ha tomado mucho tiempo entender que tu fogosidad puede ser una virtud muy importante hoy en día.

 

Como te ha dicho mi madre esta carta es para ti  y su contenido es un secreto mutuo que nunca podrá ser develado en sus detalles. Confío en tu palabra.

 

Por último hay un evento del cual sí debo pedirte disculpas desde lo más profundo de mi alma. Cuando me gradué de los Andes no te invité al Grado. Eso fue muy ordinario  y grosero de mi parte. En verdad te aseguro que yo a veces soy un poco ordinario y grosero (¿quién lo creyera, no? Pregúntale a mi madre!). Pero por esa acción tan malagradecida te pido disculpas profundas. En aquel momento era muy joven,  y como todo joven cometía errores a diestra y siniestra. Ahora ya no soy joven, mucho menos desde que enfermé gravemente hace unos años.

 

Te repito,  muchas cosas más se podrían decir y es nuestra tragedia que sólo la distancia nos hizo medio conocernos un poco.   Pero lo cierto es que una muy gran diferencia entre los dos es que yo en corto tiempo puedo escribir esta carta –así sea muy limitada—, y hasta defenderte ante mi propia madre a quien quiero mucho. ¿Serías tu capaz de escribir algo parecido en corto tiempo? Ahí esta tu reto. ¿Serías tu capaz de defenderme a mi también ante los cercanos tuyos? Ahí está tu reto. ¿O será que tus ojos todavía cargan la rabia  que les he visto pueden cargar?  Ahí está tu reto.

 

Además debo aprovechar para decirte, así no lo quieras oír, que yo te perdono por lo que me dijiste la última vez que hablamos; te perdono así no hayas sido capaz de pedir disculpas. Es fácil decir groserías —-y a veces nos toca ya que un hijueputazo  es la mejor palabra en ciertos momentos—- pero  tu eres mucho más inteligente que eso.  Igual te perdono.

 

Te deseo salud y que puedas en tus últimos años de vida hacer un honesto recorrido por tu caminar en este mundo  que gracias a tu presencia hiciste más interesante y más complejo de lo que hubiese sido si  hubieses sido diferente a como eres. Sin que lo comprendas, entiendo mucho mejor  la visión política de Platón gracias a tu presencia. Te recomiendo, entre muchos otros, por lo menos que leas La Apología de Sócrates. Y claro, sigue leyendo la Biblia.

 

Un abrazo de,

tu hijo que te quiere y que a veces no supo quererte; a veces por miedo de niñez, a veces por conveniencia de joven, a veces por ceguera de humano y a veces por diferencias  demasiado profundas de filósofo e hijo maduro.   

 

Un abrazo de,

tu hijo que  tuvo el coraje de nunca quedarse callado como los demás.

 

Un abrazo de,

tu hijo cuyas piernas de deportista están lentamente dejando de funcionar.

 

 

Andrés

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